Meditacion y mindfulness

Los 5 errores más habituales que no te dejan meditar

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Hemos creado una sociedad en la que no nos dejamos ni un segundo libre. Todo es correr de un lado a otro y posicionamos en un estatus superior a los que están ocupados y estresados.

Pero cada vez más gente se vuelve hacia prácticas contemplativas porque han descubierto que una vida llena de ruido, movimiento y estrés no llena ese vacío que sienten en su interior.

Como dice Eckhart Tolle, «La principal causa de infelicidad no es la situación sino nuestros pensamientos sobre ella.»

Consciencia
Imagen de eberhard grossgasteiger from Pexels

Aún así, la mente es muy compleja, y nos resulta dificilísimo eso de sentarnos y no hacer nada.

Porque, en realidad, se trata de eso, de no hacer nada.

No intentes convertirte en nada.
No te transformes en nada.
No seas el mediador.
No te conviertas en el iluminado.
Cuando te sientes, sólo siéntate.
Cuando pasees, sólo pasea.
No te enganches a nada.
No te resistas a nada.

Ajahn Chah

Pero, madre mía, qué difícil es.

Pero, ¿qué hacer cuando no puedes meditar? Pues lo primero, intentar averiguar qué te lo impide.

De todas las zancadillas que nos ponemos a nosotros mismos a la hora de sentarnos a meditar, he seleccionado las 5 que me parecen más relevantes.

¿Por qué nos estrellamos cuando intentamos meditar?

Vamos con ellas:

1. No entiendes lo que es meditar.

Si esperas que, en la meditar, tu mente se quede en blanco, entres en trance y veas la realidad del universo como El Indomable Will Hunting veía números, es normal que te frustres.

Mindfulness no se trata de estar siempre presente y concentrado, ni estar siempre contento. Es más bien la elección de prestar atención, con curiosidad y amabilidad, a lo que ocurre en cada momento.

Y cuando te despistes (y aquí te recuerdo que hasta el Dalai Lama se despista), amablemente traes tu atención de vuelta a lo que está pasando en ese momento.

2. Hay que ser un Buda para apreciar los resultados.

Los monjes budistas tienen un dicho: la vida no empieza hasta los 70. Esto es así porque, hasta entonces, no han meditado lo bastante como para entrenar la mente lo suficiente.

Pero, como veíamos en al definir qué es meditar , aunque no lleguemos a esos niveles de entrenamiento, podemos observar cambios físicos en nuestros cerebros tras tan solo 8 semanas de práctica regular. Y los efectos que podemos apreciar en nuestro día a día se ven mucho antes.

Además, algunos beneficios, como la relajación o la conexión con el cuerpo se pueden apreciar desde la primera sentada.

3. No tengo tiempo para meditar.

Hombre, los monjes budistas meditan 8 horas al día, a veces más. Yo tampoco tengo ese tiempo, la verdad.

Lo normal es que acabes meditando entre media hora y una hora al día, y comprendo que, así en frío, te parezca mucho, pero no es necesario empezar por ahí.

De hecho, quizás sea hasta contraproducente.

¿Por qué nos cuesta tanto seguir una rutina?

Imagino que es así como empiezas cada vez que te apuntas al gimnasio, apuntándote a spinning a la hora de la comida, circuito de pesas 3 veces por semana y boxeo los sábados por la mañana. Y duras, ¿cuánto?

Eso es así porque tomas esas decisiones con la expectativa de ser alguien que te gustaría ser en lugar de aceptar a la persona que eres y, cuando ves que no estás a la altura de tus propias expectativas, te deprimes.

Durante tu meditación no debes intentar ser otra persona.

Lo que es interesante es que te pares a observar quién eres y que te ofrezcas toda la compasión del mundo, y aceptes esas partes de ti que te gustaría que fueran diferentes.

Algunos sugieren que te comprometas a lo que sepas que puedes cumplir, incluso si es solo 2 o 3 minutos de práctica al día.

Cuando empieces a observar los cambios que se producen, querrás ampliar tu tiempo, y encontrarás la manera.

Otra opción es ser consciente de esos momentos en el día en los que no haces nada (no, meterse en facebook no es hacer «algo») y utilizarlos para practicar tu Consciencia. Para coger ideas te recomiendo que te pases por la sección Mindfulness Práctico.

De hecho, los que de verdad saben de esto dicen que, en realidad, se trata de no hacer nada, como dice Ajahn Chah en la cita que hemos visto.

Debe llegar el momento en el que sentarse a meditar sea, simplemente, observar sin esfuerzo.

¡Ay, cuándo llegará ese día!

4. La meditación no es para mi.

Mucha gente considera que la meditación tiene algo de misticismo o espiritualidad que no va con ella.

En realidad cada vez más podemos explicar lo que nos ocurre al meditar sin tener que hacer referencia a conceptos místicos o espirituales aunque, es verdad, hay mucho a lo que la ciencia aún no ha podido dar explicación.

Eso no significa, por supuesto, que no la tenga sino, simplemente, que no hemos llegado a ella.

¿Es entonces la meditación para ti?

Yo te preguntaría, ¿has visto Matrix? Espero que sí, porque si no mi metáfora no va a tener sentido…

Imagen de Markus Spiske from Pexels

Si tu descubrieras que estás en Matrix, ¿preferirías tomar la pastilla azul y saber la verdad o tomar la roja y seguir disfrutando del sabor del filete, aunque sea mentira?

Esa es la diferencia.

Si estás dispuesto a tomar la pastilla azul, sabiendo que no hay vuelta atrás y que no nos convertirá en esa persona con la que soñamos ser, sino que nos enfrentará con nuestra realidad, y nos pedirá que la aceptemos tal y como es, busca un cojín y siéntate a meditar.

La cárcel de nuestras creencias

Como dice Denis Merrit Jones el descubrir que tus creencias son la cárcel en la que te has encerrado a ti mismo y que puedes cambiarlas solo con darte cuenta, y reajustarlas una y otra vez, te da la libertad.

5. Cuando por fin me siento a meditar no me puedo estar quieto

Lo primero que tengo que decirte es: Bienvenido al club.

Parte, en mi opinión, tiene que ver con la famosa mente de mono.

¿No sabes lo que es? Pues igual no es tan famosa, después de todo.

La mente de mono hace referencia a un estado mental en el que tu mente salta de una cosa a otra como un mono de rama en rama. No se está quieto ni deja de hacer ruido.

Mente de mono modo ON

Con el tipo de vida que llevamos, la mente de mono es casi siempre el estado en el que estamos.

Que si se me ha olvidado poner la lavadora, que si tengo que comprar leche, que si el niño mañana tiene gimnasia, que si es el cumpleaños de mi madre, que si dónde vamos de vacaciones en verano, que si tendría que haber ido al gimnasio, blablabla…

También se presenta en hilos de pensamiento.

Por ejemplo tu compañero te dice que te acuerdes de comprar leche…

Lo que te lleva a pensar en las patatas fritas que viste ayer y que te quedaste con ganas de comprar…

Entonces se te mete en la cabeza la cancioncilla del anuncio…

En el que salía una chica rubia…

Que te recuerda a la amiga aquella que tenías en el colegio… ¿cómo se llamaba? ¿Era María? María…

No, esa era la del instituto…

Qué bien lo pasabas en aquella discoteca los Sábados por la noche…

¿Qué quería tu pareja?

Mente de mono

La Sombra

miedo

Muchos argumentan que esa sensación de inquietud tiene que ver con el miedo a observar lo que hay en nuestra mente.

Carl Jung teorizó que, aquellos elementos de nuestra psique que no aceptamos por la razón que sea (no están aceptados socialmente o personalmente) los arrojamos a lo más oscuro y secreto de nuestra mente, la Sombra.

Las distracciones son una manera de evadirnos, de adormecernos, para no tener que enfrentarnos a esta sombra y lo que hay en ella.

En ese sentido, la meditación da mucho miedo, porque nos exige pararnos, alejarnos de todo aquello que nos permite distraernos, y enfrentarnos a todo lo que podamos encontrarnos… ¡y a aceptarlo, nada menos!

Los demonios de la Mente

Hay que tener en cuenta que esos demonios que todos tenemos suelen llevar mucho, mucho tiempo escondidos, hasta el punto de haberse convertido casi en leyendas en nuestra propia mente. Un monstruo que ni siquiera nos atrevemos a nombrar o a reconocer.

Normalmente hacen referencia a la frase: No me merezco que me quieran.

El monstruo es una idea que justifica esa creencia. Por ejemplo, si alguien viese cómo soy realmente por dentro (egoísta, rabioso, mala persona, con malos sentimientos) se darían cuenta de que no merezco que me quieran.

Este es el mayor secreto, y hay que hacer lo que sea por mantenerlo oculto.

La Compasión como arma

Lo curioso de este miedo es que, si lo pones en perspectiva y se lo atribuyes a alguien ajeno a ti, dirías cosas como; todos somos egoístas en mayor o menor medida; no eres mala persona, solo has elegido mal; no eres rabioso, solo has sentido rabia, etc.

¿Sabes por qué a otra persona la percibes así y a ti mismo no? Porque al otro le ofreces compasión.

Si quieres empezar a practicar, aquí tienes un ejercicio y una meditación. Pruébalos y cuéntame qué tal la experiencia.

Rumi

¿Hay alguna otra razón por la que a ti te cueste sentarte a meditar? ¿Te sientes identificado con lo que has leído? Déjame tu opinión en los comentarios. Aprendamos juntos.

Créditos de imágenes: pexels.com; https://icons8.com; ID 122002433 © Pressureua;

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