Meditacion y mindfulness

Cómo meditar; La Actitud

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La Actitud

El Amor no es un sentimiento, es un estado de consciencia (Ramayat)

Ciencia y espiritualidad

En el ámbito científico existe un interés creciente en estudiar el bienestar y la felicidad, y qué elementos influyen sobre ambos.

A la luz de muchos de los estudios que se están realizando al respecto, parece que hay una relación directa entre la percepción de bienestar que tenemos (totalmente subjetiva) y nuestra capacidad para sentir compasión y empatía.

La idea básica del budismo zen es que todos tenemos la naturaleza del Buda o, dicho de otro modo, que la naturaleza básica del ser humano es despertar, bondad, compasión, conexión y amor.

El problema es que esa naturaleza básica se ve empañada por el ruido de nuestra actividad mental. Por eso cuando meditamos buscamos ir bajando progresivamente ese volumen, y observamos en los espacios que se crean esa naturaleza básica que somos.

Nuestra esencia.

Lo interesante de esta idea es que la ciencia está demostrando que estas cualidades se pueden trabajar y que, efectivamente, aquellos que practican para desarrollarlas, reportan un mayor estado de bienestar y felicidad.

Mola, ¿no?

Pero esto ¿cómo se practica?

Cuando te sientes a meditar y te distraigas (porque es inevitable), verás cómo aparecen pensamientos o emociones en tu mente. La tendencia natural es enfadarte y frustrarte porque ¡otra vez! se te ha ido la cabeza.

Acoger con compasión

Pero, la próxima vez, trata de ofrecerte un poco de compasión y observa cómo te hace sentir. Puedes decirte algo así como; me agradezco el darme cuenta de la distracción.

Y luego vuelves tu atención suavemente a la respiración.

compasion
Imagen de rawpixel.com from Pexels

O en lugar de usar palabras puedes, simplemente, darte el mismo tipo de atención que le darías a un amigo que te cuenta lo frustrado que está con su práctica.

Puedes imaginar que le abrazas, o le ofreces tu apoyo y compresión de la manera que te salga. ¿A que con él serías mucho más comprensivo?

Acoge lo que surja desde el corazón y verás cómo esa aceptación amable, esa empatía hacia nosotros mismos y esa compasión se expandirán también hacia los demás antes de lo que te imaginas.

Cualidades

En otro artículo listamos una serie de cualidades sin las cuales no se puede dar la meditación, y están directamente relacionadas con la actitud de la que hablamos.

Veámoslas más en profundidad:

  • curiosidad,
  • compasión,
  • observación sin apego y
  • mente de principiante

Curiosidad

Acoge lo que venga. Yo te diría que esa curiosidad debe ser juguetona, porque no tiene miedo, sino interés y deseo de descubrir.

Compasión

Cuando tu mente se distraiga y tengas la tentación de enfadarte contigo mismo, recuerda el ejemplo del amigo y observa cómo te sientes. Seguro que querrías hacer que se sienta mejor, que comprenderías su despiste. Sé amable contigo mismo, te lo mereces.

Observación sin apego

Lo que significa que observes los pensamientos, las emociones, pasar como si fueran nubes en el cielo, sin dejarte arrastrar por ellas. Y cuando te arrastren ya sabes, amabilidad amorosa.

Mente de Principiante

Imagina que eres un astronauta que acaba de llegar a un planeta desconocido (este es un ejercicio muy habitual para trabajar la alimentación consciente).

Imagen https://icons8.com

Has perdido tus provisiones y llevas días sin comer.

Los animales de este planeta desconocido eligen siempre como alimento algo que no puedes definir. No sabes si es un insecto o una semilla grande, pero es lo único que hay y tienes mucha hambre.

Utilizas todos tus sentidos (tacto, olfato, vista, gusto y hasta el oído al morder, porque es crujiente) porque no tienes ni idea de lo que es, ni ninguna experiencia previa con la que compararlo.

¿Ves? Mente de principiante.

He dado más espacio a esta cualidad en concreto porque es la que más me cuesta a mí. Igual estoy generalizando, pero me parece dificilísimo ser capaz de aparcar las creencias, experiencias y condicionantes sociales a la hora de experimentar algo, y poder hacerlo como si fuera la primera vez.

Aún así, esta es la única forma de dejar a un lado los juicios, y esto es muy importante, particularmente cuando observamos nuestra actividad mental.

Juicios y comparaciones

Y es que nos encanta esto de ponerle etiquetas a las cosas. Esto está bien, esto mal, esto me gusta, esto no lo haría nunca, esta persona no sabe de lo que habla…

Lo hacemos porque nuestra mente está intentando dar sentido al mundo. En su afán por protegernos necesita controlar lo que está más allá de su control (que es básicamente todo, la verdad) y para eso necesita conocerlo, definirlo.

El juicio a uno mismo

En este orden de cosas tú, claro, también tienes que estar definido, y tu mente te asigna etiquetas a las que da muchísima importancia.

Por eso nos ponemos tan nerviosos cuando nos sentimos atacados en nuestras ideas, porque, en nuestra mente, esas ideas definen quiénes somos y, sin ellas, solo hay caos.

Esto es una creencia, claro.

Si lo piensas, nada está bajo nuestro control.

La identificación con los procesos mentales

Pero volvamos a la actitud, que se me va la olla.

¿Ves? Un poquito de compasión para mí y traigo de vuelta mis pensamientos a lo que nos ocupa.

La idea al meditar es, poco a poco, poder dar un paso atrás y observar esos procesos mentales dándonos cuenta de que son solo eso, procesos que ocurren en nuestra mente, pero no nos definen.

¿Sabías que las emociones tienen una duración de unos 90 segundos? Siempre y cuando no las alimentemos, claro.

Imagina que sientes rabia porque alguien se te ha colado en un atasco.

Imagen de STANLEY NGUMA from Pexels

En general no nos damos cuenta porque funcionamos en automatismos pero, si prestas atención, verás que hay signos en tu cuerpo muy claros.

Tal vez sea calor en las mejillas, o un nudo en el estómago, o tensión en los hombros, como si tus brazos estuvieran cargándose para dar un golpe.

Si te quedas observando, verás cómo puedes relajar cada una de esas sensaciones. O, simplemente al prestarles atención, se disuelve esa sensación de calor.

Pero, si en lugar de observar, empiezas a pensar en la prisa que tienes, en el morro que le echan algunos, en que tú también llegas tarde, en que, si tiene tanta prisa debería haber salido antes de casa…

Probablemente a estas alturas ya estás gritando.

Y lo que te pasa es que te has subido a esa emoción. Has reaccionado automáticamente y te has identificado con ella. Te has dejado arrastrar. Y ahora eres tú el que las está alimentando.

El mensaje es que siempre puedes elegir. Si eres capaz de parar y respirar, puedes elegir cómo responder en lugar de reaccionar.

Evidentemente no es fácil. Los automatismos son poderosos por algo.

La importancia de la práctica

Solo si repites una y otra vez una acción en un entorno sin distracciones, cuando te distraigas de verdad, recordarás que tienes otra opción.

Pero como ves (o espero que lo veas), no se trata de no sentir. Todo lo contrario, se trata de permitir espacio a esa sensación o emoción (o pensamiento, o creencia… ya sabes, proceso mental), verla, reconocerla, darle su valor, y dejarla ir.

Y por eso son tan importantes la compasión y la amabilidad.

¿Te has sentido identificado? ¿Cómo te enfrentas tú a las frustraciones? ¿Qué cosas te dice ese crítico que todos llevamos dentro?

Comparte con nosotros en los comentarios, aprendamos todos juntos.

Rumi
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