Meditacion y mindfulness

Cómo meditar: La Postura

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La Postura

Ay, la postura. ¿Qué tendrá este tema que siempre nos trae de cabeza?

¿Meditar tumbado o sentado?

La pregunta más repetida cuando nos sentamos a meditar es, muy probablemente, si podemos hacerlo tumbados.

La respuesta corta es NO.

¿Por qué? Te preguntarás. Porque la meditación requiere un estado alerta y relajado al mismo tiempo, y mantenerse alerta cuando estás tumbado y relajado es bastante difícil.

Una visión más espiritual defiende, además, que existen puntos de energía situados a lo largo de la columna vertebral (los Chakras). Para que la energía del universo (la Consciencia Pura) fluya a través de nosotros, estos puntos energéticos deben estar alineados.

De ahí la importancia de tener la espalda recta.

chakras
Disposición de los Chakras en el cuerpo

Además, estos Chackras conectan la energía de la tierra, el plano físico (los puntos energéticos que se corresponden con la base de la columna) con la Consciencia Pura, que se encuentra un espacio más allá de lo terrenal (estos puntos energéticos se sitúan en el entrecejo, la nuca y la parte alta de la columna).

Así, la correlación de los Chakras se corresponde con su posición al meditar.

Desde un punto de vista fisiológico, la razón por la que nos sentamos estirados es para poder mantener la postura durante periodos prolongados de tiempo sin que el dolor o la incomodidad nos imposibiliten la tarea.

Incomodidad y dolor durante la sentada

Por supuesto, al principio sentiremos incomodidad y un cierto dolor (como calambres o quemazón) porque estamos usando ciertos músculos que nunca antes habían realizado este tipo de ejercicio.

Es exactamente igual que intentar correr una maratón según te levantas del sofá, sin haber entrenado antes. Como muy poco tendrás tirones.

Pero, incluso si te pones un programa de entrenamiento razonable, tendrás agujetas, dolor muscular, etc porque estás sometiendo a tu cuerpo a un nivel de estrés importante.

Con la sentada te pasará igual. Aunque no te muevas, tu cuerpo sufrirá, porque no está diseñado para estarse quieto. Es normal que se te duerman las piernas, que sientas pinchazos o quemazón en zonas de la espalda.

Por eso te recomiendo que empieces con cinco minutos y vayas aumentando el tiempo de tu meditación a medida que tu cuerpo te lo permita.

Además, un ejercicio interesante a realizar en esta etapa es observar cómo te relacionas tú con el dolor. Observa tus pensamientos, tus creencias, tus reacciones. ¿Quieres huir?¿Qué harías para evitar esta sensación?¿Te resulta fácil quedarte con ella?

Recuerda que nada es bueno ni malo. Lo importante es darte cuenta.

Tampoco se trata de torturarte, lo que queremos es poner en marcha una práctica que seamos capaces de mantener en el tiempo. Como dice mi profesora de yoga, incomodidad sí, dolor no.

Emociones y tensión en el cuerpo

Otra cosa interesante: El ser humano almacena acontecimientos emocionales en su cuerpo.

Por ejemplo, cuando el trabajo te genera mucho estrés, los músculos del cuello se agarrotan y acabas llevándote el estrés a casa.

O cuando sientes un nudo en el estómago hacia esa situación concreta que te llena de temor o angustia.

Esto lo hacemos con cosas muy evidentes, como los ejemplos que te he puesto, y también con cosas que son más subconscientes, miedos o temores, o aspectos de nosotros mismos que hemos rechazado a lo largo de nuestra vida y que ocultamos con pequeñas tensiones en nuestro cuerpo que ni siquiera percibimos.

Observar lo que hay

Durante la meditación, al dedicarnos simplemente a observar, acoger y aceptar lo que hay, tenemos la oportunidad de, una vez localizadas esas pequeñas tensiones físicas, permitirnos relajarlas y que suelten aquello que llevan sujetando tanto tiempo.

Este proceso es lento (porque en general, tras una capa de tensión viene otra, y después otra) y no se puede anticipar ni forzar. Además, debemos recordarnos que este no es el objetivo de la meditación sino, simplemente, un efecto más de nuestra observación consciente.

Relajado pero atento

Pero para que todo esto pueda ocurrir, debemos tener el cuerpo relajado. De otro modo, si nuestros músculos están tensos intentando mantener una postura, no seremos capaces de ver aquellas tensiones que viven en nuestro cuerpo.

Y claro, como buscamos esa relajación, si estamos tumbados, lo normal es que nos quedemos dormidos.

Y observar con consciencia cuando entras en un estado de inconsciencia es un poquito complicado.

De ahí que lo ideal es que no se medite tumbado.

Pero claro, si me dices que tienes problemas físicos para mantenerte sentado, o que el único minuto al día que tienes para tí es cuando te has metido ya en la cama, o justo al abrir los ojos por la mañana, pues te diré que mejor eso que no meditar en absoluto.

Porque también la Presencia hace referencia a aceptar las cosas como son y, si este es el momento en el que estás, pues habrá que trabajar con él. Y más adelante, tal vez puedas organizarte de otra forma.

Así que, como ves, esto de la postura tiene su miga. ¡Y eso que aún no te he dicho cómo sentarte!

Vamos allá

Cómo sentarte

Puedes elegir una silla o el suelo.

En la silla

Algunos puntos a tener en mente:

  • La silla debe tener una altura suficiente para permitirte tener los pies cómodamente apoyados en el suelo. Si estás de puntillas es demasiado alta.
  • Asegúrate de que la base de la columna (o sea, el trasero) está bien dentro del asiento.
  • Si vas a apoyar la espalda, debe estar recta. Utiliza cojines si lo necesitas.

En el suelo

Puedes utilizar diferentes accesorios; cojines o zafus, banquitos de meditación, etc.

El complemento que uses va a depender de tu propia fisiología y no hay ninguna opción mejor que otra.

Lo que sí te digo es que no te sientes directamente en el suelo. Esta es la razón:

¿Ves las rodillas de estas chicas? Para mantener esa postura todo su cuerpo tiene que estar en tensión.

Por qué es necesario un zafu

Cuando estudiaba masaje, mi profesor nos lo explicaba así;

El esqueleto hace la misma función que los mástiles de un barco, pero sin las cuerdas que los sujetan (jarcias) los mástiles acabarían cayéndose. Es la tensión de las jarcias la que permite mantener la posición. Los músculos hacen de jarcias con el esqueleto.

Así que, cuando estás en una postura que compromete tu equilibrio, toda tu musculatura empezará a compensarse tensando un poco aquí y un poco allá para mantenerse en esa postura. Como las chicas de la foto.

Pero no me tomes la palabra en esto, pruébalo tú mismo. Siéntate en el suelo y medita.

Observa tu cuerpo, siente la postura, mira si te sientes asentado y te puedes relajar.

Y luego prueba a levantar un poco las caderas sentándote sobre un cojín. Mira a ver si hay diferencia.

Cómo cruzar las piernas en la sentada

Hay tradiciones espirituales con unas reglas muy estrictas respecto a la posición de las piernas en la sentada, pero para mi lo que importa es que te sientas seguro y en equilibrio. Prueba formas diferentes de cruzarlas y quédate con la que intuyas que te viene mejor.

El objetivo es que las rodillas toquen el suelo (por eso es tan importante que las caderas estén elevadas) para que, junto con el apoyo sobre el coxis, se forme un trípode y, con él, gran estabilidad.

Cuál es el mejor complemento para ti

Con los cojines pasa como con cualquier cosa, hay muchos diferentes. Los hay más altos, más bajos, más duros, más blandos… y te vendrán bien dependiendo de tu flexibilidad, gustos personales, etc.

Así que te recomiendo que pruebes con lo que tienes en casa y vayas viendo qué te viene mejor.

Una vez que lo hayas decidido puedes quedarte con lo que ya tienes o elegir uno de meditación, un zafu. Este es el que yo uso, pero hay muchísimos. (Y sí, es un enlace de afiliados, así que si decides comprarlo siguiendo este enlace, me llevaré una pequeña comisión y estarás ayudando a mantener esta web… ¡bien!)

Los banquitos de meditación te vendrán mejor si te sientes más cómodo sentándote sobre las rodillas que cruzando las piernas. Igual esto es más difícil de probar en casa, pero si no te encuentras con los cojines o la silla, tal vez uno de estos te pueda venir bien.

Reglas básicas en la sentada

Elijas lo que elijas, estas son las reglas básicas (por fín) para sentarte a meditar:

  • Para asegurarte de que la columna está recta, imagina que hay un hilo saliendo de lo alto de tu coronilla y que tiras de él hacia arriba. Prueba a exagerar el movimiento para ver cómo se hace pero, a la hora de meditar, tira solo ligeramente. Recuerda que buscamos alerta pero cómodo.
  • La barbilla se recoge ligeramente hacia adentro. Este movimiento es la consecuencia natural de alargar la coronilla.
  • Las manos reposan cómodamente con un mudra (hay muchísimos y cada uno trabaja una intención diferente. Si te interesa este tema, haz una búsqueda en internet) o, simplemente, con la palma hacia abajo, sobre los muslos.
  • Si tener la espalda recta te supone un problema, apóyate contra una pared o el respaldo de la silla. Utiliza cojines si lo necesitas.
  • Estar bien enraizados, asentados sobre una base firme. Cuando las rodillas reposan en el suelo se alinean con el coxis, formando un trípode estable y bien asentado en la horizontal de la tierra. La imagen que sugiere este asentamiento es la de una montaña.
  • Los hombros relajados, caídos, alejándose de las orejas. Soltamos cualquier tensión innecesaria.
  • Los músculos del abdomen deben estar relajados para ofrecer espacio a la respiración. Si estás en tensión tratando de mantener la postura, tu respiración no será tan efectiva.
  • La sonrisa interior. Este último punto hace referencia a la actitud durante la meditación, que veremos en otro post.
Rumi
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