Meditacion y mindfulness

El cuerpo como portal de autodescubrimiento

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Tara Brach usa habitualmente la imagen de un pájaro en vuelo para explicar los dos elementos básicos en el despertar a la consciencia.

las dos alas de la consciencia
imagen de mali maeder en Pexels

Una de las alas simboliza el darse cuenta, la capacidad para observar lo que ocurre.
El otro ala simboliza el amor. Ese amor con el que es imprescindible la observación y el reconocimiento de lo que nos ocurre.

Sin el completo desarrollo de las dos alas, no se puede volar.

El cuerpo como aliado

Tenemos la idea de que la meditación nos permite trascender este plano, el plano físico, para llegar a algo más allá.

La iluminación, en nuestra imaginación, es un estado en el que este cuerpo biológico y esta mente, que nos han estado poniendo zancadillas todo el tiempo, por fin dejan de molestar.

Pero ésta es una percepción equivocada. La iluminación no llega cuando dejamos de sentir el cuerpo y la mente desaparece. Trascender no significa dejar atrás lo biológico, sino usar el cuerpo y la mente para experimentar el presente.

Porque solamente podemos experimentar el momento presente a través del cuerpo. Es un portal, ya a nuestro alcance, siempre dispuesto a ofrecernos todas las experiencias que nos rodean.

Huída del presente

El problema viene de nuestra necesidad de escapar de las experiencias. Nuestra obsesión por anticipar o planear.

Y, debido a eso, debido a la cualidad reactiva en la que solemos hundirnos, se nos olvida prestar atención a lo que experimentamos.

Pero solamente utilizando el cuerpo como medio, podremos ser capaces de observar esas historias que nos contamos, esos hábitos que hemos creado y que nos mantienen en un contante estado reactivo.

La huella en el cuerpo

Y es importante darse cuenta de que, cualquier proceso mental que experimentamos también tiene un reflejo en el cuerpo.

Cuando una emoción nos asalta, si somos capaces de parar un momento, podremos observar cómo esa emoción se traduce en una sensación corporal determinada. Y, de la misma manera, un proceso mental agradable, también tiene como fondo una sensación corporal (que asociamos como agradable).

Están siempre ahí, pero nosotros estamos demasiado ocupados y distraídos para prestarles atención.

Y sin embargo, empezar por notar esas sensaciones corporales nos permite entrenar la atención (lo que es una de las primeras habilidades que necesitamos al meditar) y aprender a reconocer la fuerza del momento presente.

Porque no sé para ti, pero cada vez que vuelvo a mi cuerpo y observo las plantas de mis pies, y noto ese cosquilleo, esa sensación de vida recorriéndolos, me maravillo. Me doy cuenta de que no es tan difícil notarlo y, al mismo tiempo, lo rapidísimo que lo pierdo.

El cuerpo como guía de consciencia

El cuerpo es, probablemente, el primer y más fácil ejemplo de Consciencia. Está siempre ahí, ofreciéndonos las experiencias y sensaciones constantes de esta vida biológica, dándonos la oportunidad de maravillarnos ante la belleza que nos rodea.

Y, por si esto fuera poco, nos permite además atisbar la fuerza del hábito pero, sobre todo, que se puede cambiar. Porque muy rápidamente ves que, cuanto más practicas, más te acuerdas de volver a tu cuerpo, si quiera por un par de segundos cada vez. Y esta práctica es, en sí misma, la creación de un nuevo hábito (volver a tu cuerpo) y la ruptura con uno antiguo (la inconsciencia de los actos reflejos).

Solamente en el momento presente somos capaces de reconocer la Vida de la que somos parte

Las trampas del mundo que nos rodea

Y esta experiencia tiene además otro punto fundamental, el de permitirte observar qué es lo que tú necesitas y cómo te hace sentir la vida que llevas.

Porque no debemos olvidar que, si viviéramos en una sociedad perfecta, tú no estarías leyendo este artículo.

Si, además de nuestro propio condicionamiento, que nos impulsa a correr de un lado a otro, no hubiéramos construido una sociedad que nos incita a evadirnos aún más, no sufriríamos epidemias de soledad y depresión.

Mucho del estrés que sufrimos tiene que ver con vivir en una sociedad que nos exige más cada vez. Querer más, necesitar más, darnos más.

Por eso es importante parar un segundo y observarnos, volver al momento presente.

Porque sólo desde aquí podemos reconocer lo que de verdad importa.

Conexión

Y lo que todos los seres humanos necesitamos de verdad y que, curiosamente, solo podemos encontrar dentro de cada uno de nosotros, es conexión.

Pero para permitirnos abrir nuestro corazón, y conectar con lo que nos rodea, primero tenemos que explorar hacia adentro, y observar aquellas barreras (sean en forma de ideas o hábitos) que hemos construido para protegernos.
Y para eso, el cuerpo y las sensaciones que alberga, son nuestros mejores aliados.

Presencia y ecología

Curiosamente este huir de nuestras propias sensaciones también se traduce en desconectarnos de lo que nos rodea, incluida la tierra.

No podemos reconocer nuestro propio sufrimiento y, por ello, nos resulta más fácil mantenernos al margen del sufrimiento de los demás.

Por eso, reconectar con nuestro propio cuerpo es reconectar también con la Naturaleza. Y, curiosamente, una de las formas más efectivas y rápidas de volver a nuestro cuerpo y al momento presente, es estar, pasar tiempo, en la naturaleza.

El cuerpo compasivo

Volver a nuestro cuerpo, reconocernos a nosotros mismos, desplegar esas dos alas de la presencia, son la llave para abrirnos a la compasión.

Y, mediante la compasión, reconocemos nuestro propio sufrimiento, y el de todos los que nos rodean como propio.

Nos damos cuenta de que no estamos separados, de la importancia y la necesidad de cuidarnos, a todas las criaturas, humanas y no humanas.

Trauma en el cuerpo

Aunque la mayor parte de nosotros puede, sin darle más vueltas, simplemente cerrar los ojos y prestar atención a las sensaciones corporales, hay gente que ha creado esos mecanismos de huída por una razón: para protegerse.

Aquellas personas que ha sufrido traumas pueden sentir que volver a su cuerpo, al momento presente, es demasiado para ellos.

No soy una experta y no puedo darte consejos si este es tu caso. Pero si lo es, te pido que busques ayuda.

Porque lo que sí puedo decirte es que, muy probablemente, esos mecanismos, en tu caso están cumpliendo una función que, al menos de momento, es muy necesaria.

Eso no significa que tengan que quedarse ahí atascados hasta el fin de los tiempos. Yo diría que hacen la función de un andamio. Hasta que termines la estructura principal, los necesitas.

Pero es muy difícil, sino imposible, manejar un trauma importante uno mismo. Por eso te pido que busques ayuda, un terapeuta en quien confíes puede ser el apoyo que necesitas antes de echar a andar tú solo.

A nivel práctico

Si acabas de iniciarte en la meditación y quieres entrar en contacto con tu cuerpo, prueba una meditación de iniciación.

Si sientes que lo que necesitas es abrirte un poquito más a la compasión, no te preocupes. En esta meditación de la compasión encontrarás una práctica para iniciarte. Y en el artículo sobre meditación metta tienes mucha más información y prácticas.

Y si resulta que no encuentras el tiempo para sentarte, tal vez pueda venirte mejor alguna idea sobre cómo practicar presencia en el día a día. Pásate por Mindfulness Práctico para recibir toda la inspiración que necesitas.

¿Sientes que algo se queda en el tintero?¿Sientes curiosidad o interés por algo que no hemos tratado aquí?¿Quieres compartir tu experiencia de meditación conmigo?

Rumi
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