Meditacion y mindfulness

El Perdón

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Mientras salía por la puerta hacia la salida que conduciría a mi libertad, sabía que si no dejaba atrás mi amargura y mi odio, aún estaría en prisión.
–Nelson Mandela

El Buenismo

Si hay una palabra que me saca de mis casillas es esta. 

Se tacha de «buenismo» a aquel que elige ser compasivo o ponerse en los pies del otro.

Se asocia a ser políticamente correcto, blando y, hasta cierto punto, hipócrita, porque aquellos que la usan dan por sentado que su rencor y su visión oscura del mundo es la única verdad y que, todo aquel que se niegue a verlo es estúpido y… claro, «buenista» (no creo que esta versión de la palabra exista, la verdad).

Según la R.A.E., el buenismo se define como;

1. m. Actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia. U. m. en sent. despect.

Me parece importante exponer aquí la definición para que quede bien claro que el perdón no es un acto de buenismo. No se trata en ningún caso de rebajar la gravedad del daño ni de ceder en nada.

Por mucho que algunos quieran ver el acto de perdonar como una muestra de debilidad, hay que ser muy valiente para abrir nuestro corazón, aceptar el daño y dejarlo ir.

Por qué perdonar

Porque cuando guardamos resentimiento nuestro corazón está cerrado, incapaz de sentir compasión y de abrirse al amor.

Maha Ghosananda fue un maestro budista camboyano que se libró de la limpieza étnica en su país porque en aquel momento era abad de un monasterio en Tailandia.

Pero toda su familia fue asesinada, así como otros cientos de miles de personas.

Cuando el gobierno de Khmer Rouge fue derrocado, Maha Ghosananda dedicó toda su energía a enseñar perdón y reconciliación en los campos de refugiados.

Dedicó casi 20 años a liderar a cientos de miles de personas en su vuelta a casa, guiándolos por las zonas de su país que había sido objeto de mayor destrucción. Y aquella gente no dejaba de repetir: «El odio nunca termina con el odio. Solo con amor se puede curar».

Ellos sabían que la única forma de seguir adelante era dejar atrás el horror que había atenazado sus vidas.

Pero quizás lo más importante de la historia de Maha Ghosananda es que ese mensaje no iba solo dirigido a las víctimas sino también a aquellos que, por la razón que fuera, habían participado en la violencia. «En la guerra no hay victoriosos», dijo Buda.

Cuando eres tú el que ha hecho algo difícil de perdonar (o, en realidad, algo que tú mismo consideres imperdonable, aunque a otra persona le parezca una tontería) ofrecerte compasión y liberarte de esa carga puede ser la única (y más difícil) manera de seguir adelante.

Perdonar no significa exonerar de responsabilidad al que nos hizo daño

Es muy importante comprender que no estamos aquí hablando de perdonar para que el otro se sienta mejor. 

No se trata de decir: «Venga, no ha pasado nada».

Una cosa es soltar una carga que llevamos sobre nosotros y otra muy diferente dejar de protegernos o eximir de responsabilidad al que nos ha hecho daño.

Si, por ejemplo, estás en una relación abusiva, puedes decidir perdonar para poder confiar de nuevo y para ver la vida desde un lugar de compasión y amor.

Pero seguirás buscando ayuda para salir de esa relación. Perdonas a tu pareja pero la sigues queriendo fuera de tu vida.

Porque cuidar de ti mismo, cuidarte a tí mismo, protegerte y quererte no son, en ningún caso, actitudes incompatibles con el perdón a otro.

El verdadero perdón no niega el sufrimiento del pasado pero aporta el enorme coraje, dignidad y poder del amor al enseñarnos que podemos, y debemos, empezar de nuevo.

–Jack Kornfield 

La transformación del perdón

El objetivo de perdonar (a tí mismo o a quien te ha hecho daño) es permitirte liberarte de aquello que arrastras, ese peso muerto, para poder seguir adelante.

«La rabia es como tomar veneno y pretender que mate al otro».

Tara Brach pone como ejemplo del poder del perdón la historia de una mujer que fue violada. Tiempo después fue a una prisión y se reunió con varios de los violadores que estaban allí encerrados.

Les contó su experiencia con todo detalle, desde la parte física a la parte emocional.

Cuando terminó, hablaron ellos. Muchos tenían lágrimas en los ojos. Dijeron que nunca habían sido conscientes del daño que habían producido en sus víctimas.

Entonces alguien le preguntó por qué había decidido ir a hablar con ellos, por qué se había puesto a sí misma es una situación así.

Y ella contestó: «Porque quiero seguir viva».

el perdón requiere compasión

Perdonarnos a nosotros mismos

Aunque muchas de estas historias durísimas nos tocan el corazón de lleno, no debemos olvidar que esa capacidad de transformación que nos ofrece el perdón está al alcance de todos nosotros, constantemente.

Porque no hay nadie que no arrastre demonios.

Y la mayor parte de ellos vienen de nosotros mismos.

La culpa (sea lo que sea por lo que nos culpamos) nos hace sentir que no podemos seguir adelante. Vuelve una y otra vez a atormentarnos con los errores que hemos cometido, con situaciones en las que deberíamos haber sido de otra manera.

Tendemos a huir de esas situaciones. No queremos recordar y pensamos que, si nos dejamos arrastrar por esos recuerdos, por esas emociones, nos sentiremos aún peor y nos hundirán para siempre.

Pero la verdad es que nos persiguen allá donde vamos.

Al pararnos y permitirnos observar aquello de nosotros mismos que no queremos admitir, al abrir nuestra compasión a lo que está ocurriendo y ofrecernos el perdón que creemos no merecer, podemos dejar atrás esa carga y volver a empezar. Tocar de nuevo esa bondad que es nuestra esencia y seguir adelante habiendo aprendido de nuestras acciones.

Cómo perdonar

El perdón no es algo que se haga cuando nos viene bien, o cuando lo hemos decidido.

Seguro que te ha pasado muchas veces que crees que has superado algo y vuelve de nuevo a atormentarte cuando menos te lo esperas.

El perdón es un proceso, y llevará más o menos tiempo en función de ti y de las circunstancias.

Pero, si no sabes dónde empezar, prueba con esta meditación del perdón. Aquí encontrarás recursos para incluir este ejercicio en tu rutina de meditación y practicar así el perdón y el dejar ir cuando lo necesites.

Rumi
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