Meditacion y mindfulness

El sufrimiento

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Como dice Jack Kornfield, no seas demasiado leal a tu sufrimiento.

El sufrimiento es parte de nuestro programa de entrenamiento hacia la sabiduría.
– Ram Dass

Sufrimiento vs. dolor

Vamos a hablar en este artículo sobre qué podemos hacer para dejar de sufrir pero quiero dejarte desde ya muy claro que eso no significa dejar de experimentar dolor.

La vida siempre nos va a presentar situaciones dolorosas. Es inevitable. Y, muy probablemente, muy poco sano tratar de evitarlas o sentirlas.

Pero el sufrimiento es algo más, es nuestra resistencia a lo que ocurre.

Si nos damos un golpe y nos hacemos daño, el dolor físico está ahí y no va a desaparecer. Pero si, además de eso, empezamos a pensar en que somos tontos por no haber visto la esquina contra la que nos hemos chocado, o que vamos a entrar cojeando en esa reunión tan importante, o que nos hemos derramado el café en la chaqueta nueva…

Todas esas historias adicionales, ese desear que las cosas sean distintas, esa frustración por no poder conseguirlo… eso es sufrimiento.

No eres tu herida

Todos sufrimos, todos hemos hecho daño y nos han hecho daño. Pero si nos identificamos demasiado con esa herida, nos será imposible dejarla ir sin perder nuestra identidad con ella.

Aquello que nos hizo daño nos cambió, incluso nos dio forma, pero no nos permitamos a nosotros mismos limitar nuestra identidad a ese trauma.

Utilizamos la meditación para ver esa limitación, y aquello que nos hace sufrir y por qué, y darnos cuenta de que podemos dar un paso atrás y ver que somos algo más grande.

el sufrimiento es la resistencia a lo que es
Imagen de Burak Kostak en Pexels

Liberarnos del sufrimiento

Es normal que necesites honrar tu dolor, darle espacio. Pero ofrecerle ese respeto no implica identificarse con él.

No podremos ser libres hasta que no podamos sostener ese sufrimiento.

Tara Brach lo explica con la imagen del océano. Dice que el dolor dentro de tu cuerpo es tan intenso como una gota de aceite en un poco de agua. Pero si esa misma cantidad de aceite cae al mar, sólo por la cantidad de agua que la acoge, será mucho más difícil de ver.

El sufrimiento no desaparece, pero durante la meditación podemos acceder a un espacio infinito (el que nos conecta con el resto) en el que es más fácil de sostener.

Es como contarle a alguien un secreto. De repente parece que, al ser dos los que lo compartís, el peso se aligera.

Y además, como hemos visto antes, podemos darnos cuenta de esa identificación con el dolor, y de que no nos hace bien. Una vez lo vemos, podemos empezar a soltar y reconocer que ese sufrimiento es algo que nos pasa (como los pensamientos, las emociones, las sensaciones) pero que no nos define.

El sufrimiento enquistado

La razón por la que creo que la gente no deja ir su odio y su rencor e ignorancia es porque intuyen que, si los dejaran ir, tendrían que enfrentarse a su propio dolor.
– James Baldwin

A mí me parece que esta cita de James Baldwin da en el clavo, y explica muy claramente el odio que vemos, cada vez más evidente en nuestra sociedad.

Al no ser capaces de enfrentarnos a nuestros propios miedos y sufrimientos, los proyectamos en lo de fuera. Racismo, sexismo, cualquier cosa con la que podamos justificar ese miedo y, de nuevo, identificarnos con él.

El peligro de la identificación

El otro día mi hijo me contó una historia de la que habían hablado en el colegio:
Es la historia de un atentado contra el parlamento británico en el siglo XVIII.

Es muy popular aquí porque se recuerda con unos fuegos artificiales espectaculares.

Y le contaron cómo esta persona (Guy Fawkes) planeó poner una bomba bajo el trono del rey. Le pillaron y le encarcelaron.

Como no se declaró culpable, le pusieron en un potro de tortura hasta casi desmembrarlo.

Por supuesto, confesó. Pero estaba tan dañado que casi no podía escribir su nombre, y murió poco después debido a las heridas.

Mi hijo me dijo que Guy Fawkes había sido malo por querer volar a todo el mundo por los aires, pero que el rey no parecía ser muy amable cuando le había torturado hasta matarlo.

Hablamos entonces de cómo las personas podemos hacer cosas terribles en nombre de ideas que creemos correctas. Cómo tendemos a pensar que nosotros tenemos razón y, por consiguiente, los demás están equivocados. Y cómo, en ocasiones, esa identificación con nuestras ideas se vuelve tan radical que hacemos daño al otro por no pensar como nosotros.

Creo que esta historia ilustra muy bien el problema de la identificación.

Nuestras ideas son sólo historias que usamos para comprender el mundo. Se basan en nuestro conocimiento, en nuestro estado emocional, experiencias, genética e influencia externa.

¡Pero es tan fácil dejarse identificar por ellas! Porque el mundo no deja de cambiar constantemente, y es muy difícil no tener miedo cuando nos damos cuenta de que, en el fondo, hay muy poco que podamos controlar.

De hecho, lo único que podemos controlar es cómo reaccionamos a lo que nos pasa.

¿Quién eres?

La identidad no es algo estático.

Tendemos a pensar que somos de una determinada manera, pero en realidad adoptamos papeles diferentes dependiendo del momento y de la situación.

Eres padre/madre con tus hijos, eres hijo cuando vives con tus padres, eres europeo, o americano, o te identificas con tu género, o tu color de piel…

Yo soy zurda y mujer. Y Géminis.
Los zurdos lo tenemos más difícil porque el mundo está diseñado por diestros.
Las mujeres también.
Y los Géminis tenemos múltiples personalidades.

¿Ves cómo me monto películas para definir el mundo y mi lugar en él?

La compasión como arma

Aunque, si lo pienso, supongo que todos tenemos múltiples personalidades.

Y los que no son zurdos tendrán la sensación de que el mundo está hecho para los delgados, o los bajitos, o los no claustrofóbicos o los que no tienen alergias, o los que no llevan gafas, los que no son disléxicos, los que se pueden permitir comprar comida todos los días…

Todos sentimos alguna vez (o muchas, depende de la época) que el mundo está en nuestra contra.

Y el darnos cuenta de que esa identificación es algo que nos une, en lugar de separarnos, es un paso fundamental para abrirnos a nuestra compasión.

La Consciencia

Pero entonces ¿quiénes somos?

Tal vez necesitas la consciencia para poder darte cuenta. Porque ahora, entre tú y yo, estamos tratando de usar la mente para definir algo que está más allá de ella y de nuestro cuerpo biológico.

Igual que cuando veo documentales sobre física cuántica, y mi cabeza empieza a dar vueltas tratando de aceptar esos conceptos, y me maravilla que existan personas que puedan comprender y aceptar que las reglas del universo van mucho más allá de las reglas de lo que nos parece «natural», y aún así soy capaz de «intuir» la grandeza, la importancia de lo que tratan de comprender.

De la misma manera puedes empezar a sentir, o intuir, eso que eres en realidad.

Más allá de las ilusiones de tu mente, más allá de los pensamientos y emociones que pasan por tu interior de manera temporal. Más allá de las etiquetas que te has puesto, o que te hayan impuesto.

Existe un lugar más allá de las ideas de lo que está bien y está mal. Te espero allí.
– Rumi

Tu esencia

Jack Kornfield lo explica así:

Cuando te miras en el espejo hay momentos en los que te das cuenta de que has envejecido. Pero hay una parte de ti que no se siente más vieja. Eso es porque tu cuerpo envejece, pero quien eres no es ese cuerpo. Lo que tú eres es la consciencia testigo de lo que está ocurriendo.

Cómo vivir desde tu esencia

Hablando de Aristóteles en el instituto, nuestra profesora de filosofía nos explicaba que, según él, todos teníamos el conocimiento dentro y sólo teníamos que recordarlo.

Era lo que Aristóteles llamaba «actualizar las potencias».

La profesora nos preguntó qué le pasaría a una gallina que hubiera actualizado todas sus potencias.

Recuerdo devanarme los sesos tratando de pensar en cómo sería una gallina perfecta. «¿Podría hablar?» Argumenté.
«No», contestó ella. «Estaría muerta. Ya no tendría razón de existir».

Platón y sus teorías sobre las ideas
imagen de karatara en Pexels

Qué es eso de la esencia

Hay una teoría muy chula, muy poética, que dice que jirones de Esencia Pura (no los llaman «jirones» pero me parece que se ajusta a la idea) se desprenden de la Consciencia para habitar un cuerpo biológico porque quieren aprender.

Y lo que quieren aprender solamente puede ser aprendido desde esta dimensión física.

Esos jirones de consciencia, espíritu, alma, la Fuerza o como quieras llamarlo saben que tendrán que renunciar al recuerdo de quiénes son al encarnarse en este mundo. Pero el sacrificio les parece razonable a cambio de la experiencia de aprendizaje.

Así que Aristóteles parece que no iba muy desencaminado.

Pero tenía razón al pensar que, si conseguimos desprendernos por completo de lo que nos ata a este mundo, habremos aprendido todo lo necesario y no será necesario vivir en este plano más tiempo.

Expectativas imposibles

Por eso el objetivo de la meditación no puede ser vivir en Consciencia Plena todo el tiempo, sin ser capaz de pensar en las cosas del día a día, por mundanas y planas que nos parezcan.

Ram Dass dice que tienes que recordar tu esencia del Buda (tu esencia es amor) y también tu número de la seguridad social.

imagen: Alexey Sokolov, icons8.com

Vivimos en esta mezcla de inmediatez y experiencia personal pero, lo importante es recordar que eso no es lo único que hay. Seguramente ni siquiera es lo más básico.

Por qué esforzarse

Un cuento

En una tierra lejana, hace mucho, mucho tiempo, vivía un rey que pidió un préstamo a un dragón. A cambio, si no podía pagar, prometió al dragón concederle un deseo.

Llegado el día del pago, evidentemente, el rey no pudo hacerlo (porque si no, no habría cuento), y el dragón pidió como pago la mano de la princesa primogénita en matrimonio.

El padre lloró y lloró pero no encontró forma de negarse. Aún así le recomendaron que enviase a su hija a ver a la mujer sabia del pueblo.

La anciana recomendó a la princesa aceptar la invitación y le prometió que todo saldría bien. Le hizo comprar doce vestidos de novia, le dijo que se los pusiera uno encima de otro y le explicó qué hacer con ellos.

Imagen de pexels

Llegó la noche de bodas y el dragón se puso cariñoso. Pidió a la princesa que se desvistiera y ella le dijo que sí, pero que quería que él también se deshiciera de sus ropajes.

Así que ella se quitó el primer vestido y él se desprendió de la piel.

Entonces ella le dijo, ahora yo me quitaré otro vestido, y tú debes hacer lo mismo.

Cuántos más vestidos se quitaba ella, más se tenía que esforzar el dragón por quitarse capas. Hasta que empezó a cambiar de forma.

Cuando llegaron al último vestido, apareció el príncipe al que habían hechizado y convertido en dragón.

Él le dijo: Has hecho exactamente lo que necesitaba para desprenderme de la creencia de que era un dragón, y me has liberado.

Por qué meditamos

Jack Kornfield utiliza este cuento para explicar por qué meditamos. Para desprendernos de todas esas capas que nos han hechizado y nos han hecho creer que somos algo diferente. Para liberarnos.

La mente no es tu enemiga

Por supuesto, llegados a este punto, te recuerdo lo que ya hemos hablado antes: pensarás que la mente es tu enemiga y que no hace más que molestar.

Pero no es así, recuerda a Aristóteles y la historia de los jirones de esencia pura.

La mente solamente hace lo que tiene que hacer para mantener el cuerpo a salvo. Lo importante no es que deje de hacerlo, sino que tú te des cuenta de que eso es lo que hace, y te permitas no identificarte con ello.

Y para eso, para empezar a romper con esa identificación, lo más importante es trabajas nuestra autoconciencia.

El futuro

Descansando en la Consciencia, escuchando la Vida, llegarás a comprender y confiar en que eso es lo que eres.

Y que no importa lo que venga, o lo que experimentes, la Vida es algo con lo que puedes contar, incluso cuando llegue la muerte, porque la Vida siempre busca regenerarse y volver a ser.

En la Vida, en lo Eterno, es donde nos encontramos. Donde descubrimos quiénes somos. Tú y yo. Todos nosotros.

Rumi
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