Meditacion y mindfulness

Entrevista a Isa Canelles

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La primera vez que oí hablar de Isa Cañelles fue buscando cursos de escritura creativa online. Llevaba mucho tiempo queriendo desarrollar y aprender más sobre la escritura de relatos y me llevé una sorpresa muy agradable cuando me crucé con un curso que se llamaba Escribir y Meditar.

¿Cómo era posible que a alguien se le hubiera ocurrido juntar las dos cosas que más me interesaban en ese preciso momento?

Me pareció una señal del destino y me apunté al intensivo.

Me lo pasé de maravilla (iba a decir que me lo pasé teta, pero no sé cómo quedaría eso en un blog serio como este). Aprendí que, en realidad, lo que quería hacer con la escritura era ser capaz de conectar con una parte de mi de la que llevaba mucho tiempo desconectada, y que aquello iba a ser más arduo (y mucho más apasionante) de lo que me había imaginado.

Así que luego me apunté al curso de Escritura Consciente. En este curso, de 9 meses de duración, Isa nos instaba a meditar y hacer ejercicios de escritura automática (que ya habíamos practicado en el intensivo de Escribir y Meditar) para ayudarnos a dejar a un lado los condicionamientos y abrazar aquello de lo que, realmente, queríamos hablar.

Fue un camino duro, os lo aseguro. Pero la energía que se creó con el grupo (y os recuerdo que era un curso online) y los comentarios de Isa, su guía, su asertividad llena de compasión y, por supuesto, su conocimiento de la escritura, hicieron de ese viaje uno del que me llevo más de lo que pueda explicar.

Por eso, cuando empecé a montar el blog, uno de las primeros retos que quería acometer era hacerle una entrevista.

Porque, aparte de escritora y profesora de escritura, Isa lleva meditando casi 20 años y, para mí aún más importante, fusionando todos los aspectos de su vida en su camino espiritual.

Es esta cualidad suya, la de darse cuenta de la enorme interacción que cada parte de su vida tiene sobre las otras y, conscientemente, desarrollarla, la que me hace respetarla y admirarla aún más si cabe.

Te dejo aquí la entrevista, y espero que disfrutes tanto leyéndola como yo he disfrutado haciéndola.

Isabel Cañelles
Isa Cañelles

El Comienzo del viaje

¿Por qué empezaste a meditar y qué te aporta la meditación?

Empecé a meditar alrededor del año 2000 o 2001. En aquel tiempo hice una terapia al final de la cual el terapeuta me recomendó meditar cada día 15 minutos, y me dio instrucciones para ello.

Esa fue la primera vez que enfoqué mi conciencia hacia el interior.

Con anterioridad, siempre había estado enfrascada sin darme cuenta en los contenidos de mi mente, fuera a través de la escritura o en mi vida «real». Pero cuando me senté a meditar fue cuando descubrí el aspecto consciente que percibía los pensamientos, que había una especie de distancia entre yo y ellos, y me di cuenta de que no había razón para estar totalmente identificada con los contenidos de mi mente. Fue como una revolución para mí. Y decidí que quería investigar más, porque sentía que se acababa de abrir una puerta a otra dimensión. Una amiga me habló entonces de una maestra española llamada Lama Tashi Lhamo que daba cursos de meditación. Y allá que me fui a un curso suyo a Salamanca en el 2002. En mi vida había leído nada sobre budismo ni tenía ni idea de en qué consistía realmente la meditación. Ni siquiera tenía noción de lo que significaba la palabra «espiritualidad» (provengo de una familia atea). Simplemente fui, escuché a la lama y supe, sin ningún género de duda, que mi vida estaba vinculada a la de esa persona para siempre. Desde entonces sigo sus enseñanzas. Y las seguiré en lo sucesivo.

Descubrí que mis acciones tenían consecuencias, que mi existencia afectaba a todos los que tenía alrededor y que según cómo me relacionase yo con mi mente, las cosas podían variar sustancialmente para mí y para los que me rodeaban.

Antes de encontrar la meditación yo tenía una visión absolutamente nihilista de la vida. Nacemos, nos reproducimos y morimos. Y ya está. Como una hormiga o un ciempiés. La vida no tenía ningún sentido para mí y yo creo que estaba muy cerca de caer en una depresión profunda, después de la muerte de mi padre en 1997.

Meditar abrió otra dimensión mucho más profunda a mi existencia, no ya por la reencarnación ni nada de eso (para mí nunca ha sido un consuelo la posibilidad de reencarnarme en alguien que no sea «yo» ;-)), sino simplemente porque descubrí que mis acciones tenían consecuencias, que mi existencia afectaba a todos los que tenía alrededor y que según cómo me relacionase yo con mi mente, las cosas podían variar sustancialmente para mí y para los que me rodeaban.

La meditación se convirtió en el motor de mi vida, más allá de la escritura o cualquier otra cosa.

Existen muchas herramientas de las que se habla últimamente para acceder a la Consciencia, y una de las más habituales es la escritura. Desde el diario de la compasión hasta la escritura automática (que tú practicas y explicas en tu curso de escribir y meditar). En mi experiencia, y más aún después de hacer tu curso, ambas son herramientas extremadamente útiles para desarrollar la otra pero ¿puedes explicarnos cuál crees tú que es el secreto para que estas dos disciplinas se lleven tan bien?

Bueno, ambas disciplinas están en estrecha relación con la mente. En realidad, todo está en estrecha relación con la mente, porque no hay otra cosa ;-), pero digamos que tanto la escritura como la meditación trabajan con los «pensamientos» y los «conceptos» precisamente para trascenderlos. Por eso me interesa tanto la «escritura automática» o «no pensada». Estamos acostumbrados a identificar la escritura con el pensar. No creemos que se pueda escribir sin haber pensado antes en lo que vamos a escribir.

Sin embargo, la verdadera escritura (la verdadera literatura) no tiene nada que ver con pensar, sino que nos pone en contacto con una cognición más abierta en que podemos vivenciar muchas cosas a la vez.

Los escritores experimentados, como los meditadores avanzados, alcanzan un estado de consciencia panorámico que va más allá de nuestro hábito lineal de pensamiento. Este último sería como estar en una habitación a oscuras con una linterna, enfocando a un sitio y después a otro; el primero sería como encender la luz de la habitación y verlo todo de golpe.

Esto toca una fibra sensible en mi. Durante tu curso (y en muchos otros momentos de mi vida, la verdad) tenía la sensación de que había algo que me estaba perdiendo al leer muchos de los relatos que comentábamos, como si me estuvieran contando un chiste que no era capaz de pillar.

Me di cuenta de que esa sensibilidad capaz de entender lo que se cuenta más allá de la historia, no es algo que no se tenga, sino algo que necesita trabajo y mimo.

Sí, es una sensibilidad que se educa.

Y practicar la escritura automática o no pensada nos pone en contacto con esa capacidad de generar sentido sin intermediación del pensamiento, que tiene mucho que ver —ateniéndonos a un lenguaje psicológico— con establecer una conexión directa con el subconsciente. Mientras que practicar la literatura a través del estudio de la técnica nos va llevando al mismo sitio por otro lado, pues una vez asimilada la técnica (y mezclando esta con la creatividad) no tendremos que «pensar» en ella para aplicarla (como cuando aprendemos a tocar un instrumento o a conducir un coche).

Por su parte, la meditación nos ayuda a ir soltando también nuestra tendencia a dividirlo todo entre un observador y algo observado (lo que nos mantiene encajonados), de manera que nos ponemos en contacto con un espacio cada vez mayor de cognición. Es decir, tanto la escritura automática y la creación literaria como la meditación nos llevan al mismo sitio por caminos diferentes, y son herramientas muy poderosas, de modo que practicarlas juntas es como coger las escaleras mecánicas o lanzarse a la corriente de un caudaloso río. Por más que nuestras tendencias habituales tiren de nosotros hacia el otro lado (son tantas vidas con el paso cambiado)… no tenemos más remedio que ir siendo cada vez más conscientes de lo que hay.

Escribir y Meditar

¿Cómo surge la idea de crear un curso como escritura y meditación?

Bueno, es fácil, son mis dos pasiones ;-). Llevo impartiendo clase de creación literaria y escribiendo desde hace treinta años, y meditando más de quince. Todo lo que sabía como escritora lo apliqué desde el comienzo a la meditación y todo lo que iba aprendiendo en la meditación lo aplicaba de algún modo a mi forma de dar clase.

No obstante, creo que no me habría atrevido a juntar ambas disciplinas de manera explícita de no haber sido por una formación que hice de tres años (del 2014 al 2017) en psicología contemplativa (la formación Karuna). Y es que la psicología es la tercera de mis pasiones. El caso es que en esta formación (que mezclaba la psicología budista con la psicología occidental), además de aprender un montón de herramientas utilísimas para relacionarme amorosamente conmigo misma y con los demás, se nos animaba a llevar a nuestro trabajo todo aquello que habíamos aprendido.

Primero probé con un intensivo de verano de Escritura y Meditación. Y como funcionó muy bien, mi proyecto de graduación fue, de hecho, mi propia reinvención.

Experimenté mi propia metodología un año completo con un grupo, cuyos miembros se prestaron a hacer de conejillos de Indias y que, de hecho, me ayudaron muchísimo a sacar a la luz el proyecto Escribir y Meditar. Iván Saiz me diseñó la web, Carolina Cardillo puso a disposición del grupo su despacho de abogada para que nos reuniéramos allí una vez al mes, Fortunata Pérez me cosió un montón de cojines de meditación… y todos aportaron ideas, grabaron testimonios… en fin, fue un trabajo grupal muy intenso y fructífero, y a todos ellos estoy inmensamente agradecida.

Gurús y Maestros

Hace poco hiciste un viaje (diría que tanto externo como interno) a Nepal. Háblanos de él. ¿Qué te traes de vuelta?

Sí, estuve en Katmandú en enero. Fui con algunas personas de mi grupo de meditación y con mi maestra, para visitar a Khenpo Tsültrim Gyamtso Rinpoché, que es el maestro de mi maestra (o sea, también nuestro maestro). Ya había estado hacía cinco años, aunque esta vez fue muy diferente.

Para mí lo más importante de este viaje fueron las conexiones humanas y espirituales con el grupo y con los maestros. No solo mis maestros (que también), sino con «los maestros» en un ámbito más genérico. Katmandú está lleno de templos, gobernados por muy diferentes maestros. Hicimos también un peregrinaje a la zona de Parping, donde vivieron Guru Rinpoché y muchos otros maestros y maestras realizados/as. Es increíble el tipo de energía que se respira en este tipo de lugares.

Asimismo, poder visitar varias veces a Khenpo Rinpoché fue un verdadero privilegio. Ya está muy mayor y malito, pero aun así su presencia es una luz que te ilumina desde dentro.

Por último, poder compartir en ese entorno tan especial canciones, enseñanzas, meditación y ratos de risas con mi maestra es un regalo precioso que no tiene precio.

En fin, creo que aquí en Occidente está muy devaluada (por nuestra propia mente devaluadora) la figura del gurú o el maestro, porque nos parece un rollo arcaico relacionado con las jerarquías.

Sin embargo, dentro de la práctica de la meditación, la figura del maestro es esencial, pues es el reflejo de nuestra propia mente básicamente pura. Como somos incapaces de tomar contacto con nuestra naturaleza búdica, necesitamos un espejo que nos muestre nuestras propias cualidades. Y ese es el maestro. Sin él o ella, nos perderíamos en los juegos de ilusionismo de nuestra propia mente. Estar en Katmandú me ayudó a afianzarme en esta certeza, porque no es algo intelectual, sino que allí puedes sentir intensamente, en tu propio cuerpo, corazón y mente, la presencia de todos esos seres que han alcanzado una mayor realización que tú, que te han allanado el terreno y que te señalan el camino hacia la apertura y la claridad.

Esto me parece especialmente interesante porque mi relación con los gurús es totalmente diferente. Como tú comentas siento un cierto rechazo a la idea, supongo que en parte porque la misma expresión, gurú, se ha denigrado en nuestra sociedad occidental, y porque en nuestra sociedad individualista nos parece peligroso venerar nada que no podamos poseer.

Pero sobre todo creo que tiene que ver con no haber conocido a alguien que me produzca esa sensación de respeto y admiración que, evidentemente, tú sientes por la Lama.

Te entiendo perfectamente, porque de no haberme encontrado con mi lama, con alguien capaz de traspasar todas mis capas de desconfianza y racionalidad, pues estaría en esas también. La figura del maestro/a, y el papel que juega dentro de la meditación, no es fácil de entender desde nuestra mente dual, pero no hay que olvidar que la meditación nos lleva a trascender la diferenciación que hacemos entre el yo y el otro, lo que sitúa todos los rollos que nos traemos con las jerarquías, la veneración, la sumisión, etc. en un plano relativo. La realidad última está libre de todo eso, y nuestra relación con el maestro (externo, interno y secreto) es la que nos va marcando el camino.

Una de las mejores cosas que tiene el camino de la meditación es que te hace ver las cosas de una manera gradual, a tu propio ritmo. No hay nada forzado

Cuando leo tu curriculum (escritura, meditación, trabajo con las emociones, terapia) me parece que hay mucho de búsqueda de lo que es el ser humano o, seguramente, más bien búsqueda de ti misma. En mi experiencia con la meditación, la búsqueda en el interior de uno mismo acaba llevándonos a la comprensión de lo que compartimos con los demás, los mismos anhelos, los mismos miedos, los mismos sufrimientos…

En el budismo se parte de que no hay diferenciación entre ese «yo» al que estamos tan aferrados y los otros o el mundo exterior. Es decir, lo interno y lo externo no es más que una convención que nos sirve en el plano relativo, pero que no tiene nada que ver con la realidad última. Es por eso que, en mi opinión, meditar no tiene nada que ver con «mirarse el ombligo» o preocuparse solo por uno mismo, como mucha gente cree.

A medida que nuestra relación con el soporte (la respiración, el tacto o lo que elijamos como foco de nuestra atención para meditar) se va suavizando, se va haciendo menos compulsiva, lo mismo ocurre en nuestra propia vida, y más empatía podemos sentir hacia los demás.

El soporte es cualquier cosa a la que llevemos nuestra atención: el trabajo, el cocido que nos vamos a comer, nuestra pareja, nuestros hijos… Así que hemos de cuidar mucho nuestra relación con el soporte en la meditación y procurar que ésta sea relajada (abierta) y a la vez nítida, para que nuestra vida en general se haga más consciente, amorosa y pacífica.

La Vida más allá del retiro espiritual

Como ya te he comentado, los retiros me fascinan, pero yo solo he ido a uno.

Cuando hablábamos de hacer esta entrevista, tú me dijiste; pregúntame algo que creas que pueda interesar a tus lectores con respecto al retiro.

Le he dado miles de vueltas, supongo que porque en realidad lo que mis lectores puedan querer saber es lo mismo que yo quiero saber.

Y ese es el problema, que tengo curiosidad pero no sé qué preguntar. Entonces me pasé por tu blog, y me encontré con este artículo.

Me parece muy interesante esa sensación de terror absoluto a enfrentarte a lo desconocido y, al mismo tiempo, a volver a lo de antes y perder lo aprendido. Me siento muy identificada con esa sensación, aunque mi experiencia es todavía menos intensa.

Yo la suelo asociar a Matrix, a la escena en la que un personaje se come un filete sabiendo que es mentira pero prefiere volver y dejarse llevar antes que enfrentarse a la realidad. A veces esto de la Consciencia me hace plantearme volver a Matrix y dejarme llevar por la corriente.

¿Cómo ha evolucionado esa relación con lo desconocido?¿Has sido capaz de mantener esa apertura que conseguiste en el retiro?

Ese soltar el ego implica aceptar que no tenemos control y, aunque a nivel intelectual lo entiendo, creo que no acabo de entender cómo se puede llegar a soltar el volante y aceptar lo que venga.

Una de las mejores cosas que tiene el camino de la meditación (y que no podría decir de algunas terapias o, desde luego, de las drogas ;-D) es que te hace ver las cosas de una manera gradual, a tu propio ritmo. No hay nada forzado. Así que uno no suelta el control hasta que no está preparado para soltarlo, o solo en la medida en que está preparado para hacerlo. No nos podemos enfrentar a la realidad de golpe, aunque la realidad siempre estuvo y está ahí y, de hecho, es lo único que hay.

En mi caso, funciono mucho por contracción-distensión. Después de aquel retiro, conservé la apertura un tiempo, hasta que vino otra contracción de dolor y miedo, que luego se distendió, y así. Mi relación con esas contracciones (que son cada vez más intensas, porque yo estoy más lúcida, menos desconectada) va variando. Cada vez siento menos rechazo hacia ellas o me identifico menos con ellas (que viene a ser lo mismo), por lo que aunque sean más intensas, se pasan antes y no dejan tanta huella. A su vez, en los momentos de apertura no me monto en un globo de fantasía, sino que permanezco algo más pegada a la tierra. Y estas son las variaciones que voy notando. Nada espectacular, sino a mi propio ritmo. Si a veces me veo desbordada por el miedo o por una lucidez excesiva, pues me doy permiso para encerrarme en mi cueva y lamerme un poquito las heridas hasta que me recobro. Y así.

Es un camino que siempre va hacia delante, o eso siento, que no tiene marcha atrás. Cuando ves algo, ya no puedes dejar de verlo por mucho que quieras. Si optamos por la pastilla roja, ya no hay forma de dar marcha atrás y tomar la azul.

Los retiros me sirven, por un lado, para recargar la batería. El poder estar junto a todos mis compañeros y a mi maestra hace que los miedos se disipen y las experiencias de apertura proliferen; luego, esa energía me dura un tiempo. Por otro lado, en ese ambiente seguro en que me puedo abrir sin miedo y apoyarme en mi maestra, se producen avances espectaculares, experiencias mentales a las que posiblemente no llegaría sola en mi casa. Esas experiencias sirven como muestra y aprendizaje en el camino.

Meditación y escritura:Herramientas para el aprendizaje emocional

Echando un vistazo a tu web me he encontrado con que tienes varios cursos, unos más orientados a las emociones, otros a la meditación y otros, la escritura. Es interesante porque, aunque los tres campos se interconectan, das la opción de que cada persona explore el ámbito que sienta más cercano a ellos en ese momento.

Sí, me gusta que sea así, que cada uno pueda escoger.

Hay personas para las que la meditación no es su camino (por lo que sea) pero que a través de la escritura son capaces de abrirse y crecer como escritores y como personas.

Para mí la meditación es la base sobre la que se asienta todo lo demás, pero puedo trabajar con mis estudiantes de muchas formas, en función del punto del aprendizaje en el que se encuentren o de la disciplina que prefieran, como se puede ver en mi oferta de cusos. De hecho, mi intención es seguir diversificando un poco más.

Tengo planeado montar (junto con una amiga) para septiembre u octubre un curso de comunicación auténtica, para quienes deseen mejorar la comunicación consigo mismos y con los demás; y también otro más terapéutico (que se llamará “Romper el hielo”) enfocado a personas que padecen de aislamiento, ansiedad, miedo y angustia. En ambos se usarán las herramientas de la escritura, la meditación y el trabajo con las emociones, pero enfocadas hacia diferentes objetivos.

Influencias y guías

Hablas mucho de la Lama (tu maestra), y siempre con mucha admiración y respeto. Ha sido tu guía desde el principio. Háblame de esa relación. ¿Es ella el único referente en tu camino espiritual?¿Has atendido (o leído) a lecciones o charlas de otros maestros? De ser así, ¿qué te han aportado que sea diferente? Después de esas experiencias, ¿recomendarías encontrar un maestro y quedarte con él (o ella) o crees que es más útil beber de diferentes fuentes?

Mi maestra es con quien empecé y a quien seguiré en esta vida, y seguro que me la encontraré también en otras vidas. No tengo muchas certezas, pero esa es una. Es lo que se llama mi «lama raíz». Sigo su metodología desde el comienzo y nunca me he desviado de ella (al menos conscientemente ;-p). Para mí es muy importante seguir fielmente un método en concreto, el de alguien en quien confío plenamente, porque tengo mucha tendencia a la dispersión. El método es mi hilo de Ariadna, el que me llevará a la salida del laberinto.

No obstante, claro que conozco y admiro a otros maestros y maestras, empezando por Khenpo Tsültrim Gyamtso Rinpoché, el maestro de mi maestra y, por tanto, mi maestro también. O mi terapeuta, por ejemplo, Ari Goldfield, ha sido también uno de mis maestros, y lo sigue siendo de alguna forma, solo que a través de la terapia. También tengo mucho contacto con la organización Shambhala, cuyo fundador, Chogyam Trungpa Rinpoché (que ya murió), es un maestro al que admiro muchísimo y al que leo muy a menudo (recomiendo encarecidamente su libro Más allá del materialismo espiritual). A través de Shambhala supe de la formación en psicología contemplativa Karuna, y a lo largo de ese aprendizaje conocí a muchos y muy buenos maestros.

He asistido a cursos de muy diversos maestros, y he leído mucho sobre espiritualidad y psicología budista. Admiro a Tenzin Palmo, Dzongsar Khyentse Rinpoche, Pema Chódron y muchos otros, cuyos libros me han servido de inspiración, aprendizaje y compañía.

Cada uno me ha aportado una mirada diferente sobre las mismas cosas que iba aprendiendo con mi maestra, u otras que complementaban sus enseñanzas, y eso servía para refrescar, actualizar y completar lo aprendido.

Por otra parte, mi maestra y yo siempre estamos trabajando en la traducción y revisión de textos que pueden ser útiles para las diferentes etapas por las que vamos pasando sus estudiantes… En fin, será por enseñanzas y maestros 😉

Cada persona tiene su propio estilo y su propio camino que recorrer

En cuanto a la pregunta de si recomendaría a la gente quedarse con un maestro o beber de diferentes fuentes, creo que generalizar sería peligroso, porque cada persona tiene su propio estilo y su propio camino que recorrer. Lo que sí creo es que conviene atenerse a un método, y no practicar meditaciones diferentes sin orden ni concierto.

La mente es dispersa y hambrienta de por sí. Devora todo lo que le pones delante. Pero si lo que quieres es descubrirla, pillarla in fraganti, has de ser muy paciente y perseverante. Picando de aquí y de allá es muy difícil que llegues a avanzar ni un milímetro en el camino espiritual.

En cuanto a encontrar a «tu» maestro… reconozco que yo en eso tuve mucha suerte. La primera a la que conocí, esa era mi maestra; increíble.

Pero no siempre tiene por qué ser así. A veces no das con tu maestro a la primera. Entonces vas pasando de uno a otro, aprovechando sus enseñanzas… hasta que das con uno con el que sientas una conexión auténtica. No tiene que ser una conexión extraterrenal ni nada así; al revés, yo creo que es como cuando te enamoras, que de pronto te parece que a esa persona la conoces de toda la vida, la reconoces como alguien cercano y familiar, es alguien ante quien te sientes desnudo y sin nada que ocultar (aunque quieras no puedes ocultarte).

Mi maestra siempre cuenta algo que decía un maestro sufí: encontrar a un maestro auténtico no es difícil, lo difícil es encontrar a un estudiante auténtico; tú preocúpate de ser un estudiante auténtico, y ya aparecerá un maestro acorde con tu temperamento.

El lenguaje para expresar lo que está más allá de las palabras

Y hablando de camino espiritual, una de las cosas más difíciles para mi a la hora de escribir en el blog es encontrar palabras para definir experiencias que están más allá de la mente. Por ejemplo usar camino espiritual, o despertar de la Consciencia, o hablar de alma, Verdad interior o Consciencia plena. Como experta en lenguaje y meditadora de largo recorrido, ¿cuéntame cómo lo manejas tú en tus cursos y con «plebeyos» en estas lides?

Bueno, yo trato de ser bastante concreta y de huir de palabras que para la gente no significan nada. Por supuesto, a veces tengo que hablar de «espacio», «apertura», «claridad», «dualidad»… Pero primero, antes de hablar de ellas, trato de hacer que los estudiantes vivencien su significado de una forma directa. Por ejemplo, propongo ejercicios de visualización que les hagan conectar con las cualidades de la mente, y luego se las señalo. Entonces, a partir de ese momento, ya saben a qué me refiero cuando digo apertura, claridad o no obstrucción.

Y luego, pues uno puede usar metáforas, comparaciones, imágenes… en fin, los escritores sabemos mucho de eso, así que no tienes excusas ;-).

Mi maestra es magnífica concretando las experiencias mentales, y además con muchísimo sentido del humor.

Tenemos un montón de términos acuñados para referirnos a diversos efectos o paisajes mentales por los que uno pasa en la meditación: por ejemplo, el efecto del huevo frito (cuando uno divide entre el soporte, que sería la yema del huevo, y el espacio de alrededor, que sería la clara del huevo), el efecto margarita, la cuña, el comentarista, el salto a la vaca, el consejo del caballo salvaje, el mar de plástico, las capas de la lasaña, limpiar la escena del crimen… No te los podría describir todos, porque no terminaría ni en un año.

Pero sí me parece importante tratar de que las personas que te lean o te escuchen puedan identificar en su propia experiencia aquello de lo que les hablas, y eso es muy difícil que ocurra si usas palabras abstractas. Así que te animo a usar los recursos que te han dado los talleres de escritura: ¿qué mejor forma de combinar la escritura con la meditación ;-)?

Mmmm… Diccionario Nataliaberlanga.com… suena bien, ¿no te parece?

La escritura como elemento para el autoconocimiento supongo que no es un descubrimiento nuevo. ¡Por algo escribimos diarios desde que se desarrolló la escritura! Si quieres probar, una forma interesante de empezar es con un diario de gratitud. Te permitirá crear una rutina diaria y es una forma agradable y fácil de empezar a entrenar la mente.

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Rumi
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