Meditacion y mindfulness

Inteligencia Emocional: Empatía y Compasión

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Para poder desarrollar nuestra inteligencia emocional necesitamos entender nuestras emociones, ser capaces de reconocerlas.

Y, aunque todos las experimentemos constantemente, la verdad es que, en muchos casos nos resulta tremendamente difícil definir qué estamos sintiendo o por qué nos sentimos así.

Por eso me parece importante hablar de algunas emociones, especialmente como, en este caso, cuando representan actitudes esenciales en la meditación y para ser más felices en nuestras vidas.

Empatía y Compasión

Mucha gente confunde estas dos emociones, y es importante entender la diferencia.

Vamos a verlas por separado

compasión y empatía
Photo by rawpixel.com from Pexels

Empatía

La empatía es la capacidad de sentir lo que el otro siente.

A veces se habla de ponerse en los pies del otro.

Pero de un tiempo a esta parte se habla de que el proceso de la empatía es más complejo de lo que se pensaba.

Ahora se divide la experiencia en dos aspectos:

  • Perspectiva: Hace referencia a ver una situación desde el punto de vista de otra persona.
  • Experiencia compartida: Proceso afectivo en el que se siente y se imita el estado emocional de otra persona.

Te pongo un ejemplo; Cuando ves llorar a un niño y se te saltan las lágrimas.

En general, la empatía requiere que veas al otro. Lo que quiero decir es que, muchas veces (sino casi siempre) vamos por el mundo mirando, pero sin ver.

En un autobús miramos a la gente pero no la vemos.

Sabemos que hay mucha gente en el autobús pero raramente nos paramos a ver a la persona que tenemos sentada al lado.

Parece que una de las maneras más directas de activar la empatía es mediante la mirada. Por eso creo que las redes sociales son tan crueles, porque es fácil dejar la empatía apagada.

Y no sé qué fue antes, si el huevo o la gallina, pero seguro que el auge de las redes sociales tiene que ver con lo incómodos que nos sentimos ante las emociones de otra persona.

Recuerdo una vez, hablando con una amiga sobre mi padre, que había fallecido hacía poco, y se me saltaron las lágrimas. Ella, muy incómoda, me dijo que tenía que aprender a controlarme.

Me sentí avergonzada, como si hubiese hecho algo malo. Y me pasé años tratando de corregir ese problema.

A lo que voy es a que ella tampoco era capaz de enfrentarse a sus emociones, por eso las mías le ponían tan nerviosa.

Volviendo al autobús, si alguien lo está pasando claramente mal nuestra forma de apoyarle es mirar para otro lado para que no se sienta incómodo. ¡Y de paso no tenemos que verlo nosotros y sentir algo también!

La capacidad de colocarse en el lugar del otro es una de las funciones más importantes de la inteligencia. Demuestra el grado de madurez del ser humano
– A. Cury

Pues eso, si quieres ser maduro e inteligente, deja de salir corriendo (y esto te lo digo tanto a ti como a mí, no te vayas a creer)

Compasión

El amor y la compasión son necesidades, no lujos. Sin ellos la humanidad no puede sobrevivir.

– Dalai Lama

La compasión es la capacidad para entender lo que la otra persona está experimentando y querer aliviar su sufrimiento.

Por ejemplo, cuando ves a un niño llorando y el corazón te pide correr a abrazarle.

Pero, cuando hablamos de compasión es muy importante no mezclarla con la condescendencia.

La compasión no nos pone por encima del que sufre, en plan: «venga, que ya he venido yo a salvarte a ti, que no sabes cómo arreglar esto solo».

La compasión viene de otro sitio, de la genuina necesidad de ayudar al otro, que está a tu mismo nivel, porque comprendes ese sufrimiento como tuyo.

Como te puedes imaginar, sin empatía no puede haber compasión. Necesitas conectar con lo que el otro está sintiendo para querer aliviar su sufrimiento.

Por qué necesitamos la compasión y la empatía

Pero claro, si de lo que hablamos es de experimentar el sufrimiento de otro para, encima, querer ayudarle, ¿qué beneficio podemos sacar nosotros? Especialmente en estos tiempos en los que hay tanto sufrimiento y los problemas son tan grandes que parece imposible que nada de lo que hagamos tenga una repercusión real.

Pues, curiosamente, parece que ser compasivo no sólo ayuda al otro, sino también a uno mismo.

Para empezar, en todos los estudios que se han hecho sobre felicidad, y qué aspectos la influyen, la compasión y el altruismo (que sería la acción que provoca la compasión) aparecen como elementos imprescindibles.

También hay evidencia de que, en los casos en los que médicos han utilizado la compasión para conectar con sus pacientes, ambas partes han salido beneficiadas. La compasión ha aumentado en los enfermos su capacidad para lidiar con el dolor (que no es moco de pavo), acelerado la recuperación, disminuido la presión arterial y aliviado depresión y ansiedad (relacionadas con la enfermedad).

Eso solo en los pacientes.

Pero en los médicos se observó una reducción en sus niveles de ansiedad. Por alguna razón que no se comprende, cuando empatizamos y somos compasivos con otra persona, cambia nuestra percepción del tiempo. Así, los médicos experimentaban sensación de tener más tiempo y su ansiedad se reducía.

Para el Dr. Trzeciak (autor de este estudio), trabajar su compasión hacia sus pacientes le permitió dejar atrás una crisis existencial muy habitual entre los médicos, lo que llamamos coloquialmente «estar quemado»

Como él mismo dice: «Esa conexión humana –y específicamente una conexión compasiva– puede crear resiliencia y resistencia al agotamiento»

La meditación y las emociones

En primer lugar, la inteligencia emocional tiene que empezar en uno mismo. Es imposible ser empático y reconocer las emociones en otro si no nos hemos parado a sentirlas en nuestro propio cuerpo.

La autoconsciencia es, por tanto, el primer paso para trabajar cualquier aspecto de la inteligencia emocional.

Persona meditando

Además, al trabajar primero contigo mismo, lo que consigues es reconocer eso que nos une. Darte cuenta de que, eso que te pasa por dentro, es parte de ser humano. De estar vivo. Y lo compartes con todo lo que existe.

Desde esa perspectiva, la compasión ya llega sin caer en la condescendencia, porque empatizas desde el corazón.

Un mar emocional

Ya sabes que a la hora de sentarte a meditar siempre necesitas compasión, hacia ti mismo y hacia todo lo que te rodea.

Pero es muy importante recordar que compasión no es dejarse arrastrar por las emociones del otro.

Es decir, podemos sentir lo que el otro siente pero si esa persona se está ahogando y nos dejamos arrastrar por su angustia, acabaremos ahogados todos y no habremos ayudado en absoluto.

Y aquí también la meditación (y la auto consciencia) ayuda. Nos permite observar cómo reaccionamos ante lo que estamos experimentando, desidentificarnos de las emociones, darnos cuenta de que las estamos sintiendo pero no son nosotros, no nos definen.

Desde este lugar de observación podemos permitirnos sentir plenamente y ofrecer alternativas (tanto a nosotros mismos como a aquel que queramos ayudar).

Vulnerabilidad

El problema con esto de las emociones es que da miedo sentir.

Nos da miedo porque nos hace sentir vulnerables.

Y, culturalmente, asociamos esa sensación de vulnerabilidad con la debilidad.

Creemos que somos blandos cuando entramos en contacto con nuestras emociones, débiles y cobardes.

Pero es muy curioso darse cuenta de que, cuando conocemos a alguien capaz de mostrarse vulnerable, nos parece un acto heroico (tal vez por el miedo que nos provoca).

O sea que ser vulnerable es un acto de valentía en todos menos en uno mismo.

Es curiosa esta paradoja, ¿verdad?

Pero, como explica Brené Brown, aunque da mucho miedo, ser vulnerable es la única forma de vivir plenamente. Solo si estás dispuesto a sentir, si estás dispuesto a ver y dejarte ver, podrás experimentar una alegría plena.

Entrenar las emociones

No debemos cometer el error de pensar que estas cualidades son absolutas y no se pueden mejorar. Hay muchos estudios que demuestran que, tanto la empatía como la compasión se pueden (y se deben) entrenar.

Porque además, parece que hay una relación directa entre la capacidad de sentir compasión (que necesita de la empatía) y la mejora en nuestra sensación de bienestar.

O, dicho de otro modo, + compasión = + felicidad.

Cómo entrenar la empatía y la compasión

Bueno, empezando contigo mismo, claro.

Mi recomendación es que te observes no sólo durante la meditación, sino también en tu vida diaria. Observa si huyes de las emociones de los otros y haz el esfuerzo, de vez en cuando, de quedarte con eso que te conecta, a ver qué pasa.

La gratitud, las meditaciones sobre la compasión y los ejercicios pueden ayudarte a ir abriendo poco a poco tu corazón. Todo es cuestión de práctica.

Y la práctica de la compasión es, simplemente, vivir.

Rumi

Créditos: Icono autobús; meditador

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