Meditacion y mindfulness

La Ciencia de la Felicidad

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Mi padre siempre decía que es nuestro derecho y nuestra obligación intentar ser felices.

Pero ¿qué es exactamente la felicidad? ¿Cómo se consigue? ¿No está todo en nuestros genes? ¿Se puede aprender a ser más feliz?

Qué es ser feliz

El problema principal en mi opinión es que pretendemos algo que es imposible.

Porque para la mayoría de nosotros la felicidad es una emoción.

La emoción que siente Julia Roberts cuando se asoma por la ventana y ve a Richard Gere en su limusina, con un ramo de rosas en la mano.

el amor romántico está lleno de creencias falsas

Es el momento en el que ella se da cuenta de que su sueño se ha hecho realidad y él deja de ser quien era para convertirse en lo que ella necesita para ser feliz.

Fundido en negro y títulos de crédito.

Y vivieron felices para siempre.

Ya…

Pero…

  • ¿Necesitas a otra persona para encontrar la felicidad?
  • ¿Es la felicidad algo que te dan desde fuera?
  • Y ¿cómo se siente la felicidad?
  • ¿Con mariposas en el estómago cada segundo de tu vida?
  • ¿Con una sonrisa de oreja a oreja y la sensación de estar levitando?

El enamoramiento

¿Sabías que, cuando nos enamoramos, el cerebro reacciona exactamente igual que cuando estamos drogados?

Solamente pensamos en el elemento de nuestras pasiones y, cuando nos alejamos, pasamos literalmente por el síndrome de abstinencia.

Evidentemente eso no puede durar mucho. Se habla (aunque reconozco que no he leído ningún estudio que le ponga fecha) de que esa etapa dura tres meses.

Y después te golpea la realidad. Eso dice todo el mundo, ¿verdad?

Cómo definir la felicidad

Pues ahí estamos.

Según Ingrid Fetell Lee la emoción que aporta momentos de felicidad se llama alegría. Pero cuando hablamos de felicidad nos referimos a un estado que se extiende en el tiempo.

Matthieu Ricard habla del placer como el estímulo temporal que se agota con el uso y que, de hecho, se interpone en nuestra felicidad.

La felicidad genuina puede estar influenciada por las circunstancias, pero, a diferencia del placer, no depende de ello. No muta en su opuesto, sino que perdura y crece con la experiencia. Imparte una sensación de satisfacción que con el tiempo se convierte en una segunda naturaleza.
–Matthieu Ricard

Según Yuval Noah Harari en su libro Sapiens, la Ilustración fue la causante de nuestra infelicidad (vale, no dice eso exactamente, pero es la idea).

Hasta ese momento la humanidad no había dado tanta importancia a la búsqueda de la felicidad individual.

Los granjeros de la edad media no pensaban que estaban siendo injustamente tratados por sus señores feudales al limitar sus aspiraciones personales.

Pero a partir de entonces, como decía mi padre, se convirtió en nuestra obligación y nuestra responsabilidad intentar ser felices.

Hasta el punto de llegar a creer que no ser feliz es motivo de vergüenza.

La Felicidad como creencia

Las creencias son ideas que identificamos como nuestras. Se convierten en el esqueleto de nuestra identidad personal, en la estructura sobre la que el ego construye el mundo.

A veces estas creencias nos ayudan a sobrevivir.

cerebro reptiliano
Photo by Jakob from Pexels

Como cuando crees que cualquier león que te encuentres va a comerte. Seguramente no es verdad pero, oye, mejor creerlo y evitar zonas con gran cantidad de leones sueltos.

Pero otras veces las creencias (que pueden surgir de nuestra propia experiencia personal, o pueden venirnos dadas por nuestra cultura o, incluso, nuestros genes- como lo del león) son limitantes.

Esto significa que limitan nuestra percepción de la realidad.

Por ejemplo, hay un cuento que a mis hijos les encanta. Es sobre un niño que está convencido de que su vecina es una bruja. En el cuento se conocen y se caen fenomenal pero, cada cosa que ella hace, él la interpreta como una prueba de que ella es una bruja.

Y, aunque en el cuento es gracioso, en la vida real no tanto, la verdad.

Esta capacidad de identificarnos con nuestras creencias alimenta la sensación de separación. Aquellos que no piensan como yo no son como yo. Son peores, claro. Siempre peores.

Y, lo más grave, es que nos lo creemos hasta el punto de convencernos de que «los otros» no se merecen nuestra compasión ni nuestro amor.

Es en esa necesidad de pertenecer donde esta necesidad de ser felices se convierte en un yugo. Porque, si todos son felices menos yo, es que algo malo me pasa.

Si todos comparten en las redes sociales la cantidad de cosas chulas, de risas y de amigos que tienen mientras yo estoy sola en mi casa, es evidente que yo soy la rara.

Por eso es tan importante reconocer nuestra creencia particular en torno a la felicidad. Hasta que no nos demos cuenta de qué película nos contamos a nosotros mismos, no seremos capaces de dejarla ir y empezar a apreciar la verdadera felicidad.

Qué dice la ciencia

Universidad de Harvard

Según este estudio, el que lleva más tiempo en activo (miles de personas han sido estudiadas desde 1938) y en el que se estudian todos los factores que afectan la vida adulta, el componente que define más que ningún otro el nivel de felicidad son las relaciones personales.

Relaciones personales

El ser humano es un ser social. Las relaciones personales son tan importantes que un bebé no desarrollará sus capacidades cognitivas, ni aprenderá a hablar, si no crea un vínculo afectivo con un adulto.

Por otra parte el signo más importante de depresión es la sensación de soledad. El ser humano no puede soportar estar alienado del resto. Por eso las relaciones sociales (amistades, pareja, familia) son fundamentales para sentir que la vida que vivimos es plena y feliz.

Hasta tal punto las relaciones personales son importantes que protegen a las personas de las experiencias dolorosas de la vida, retrasan las enfermedades asociadas con la edad (incluidas las mentales) y son la forma más eficiente de predecir que la vida de ese sujeto será larga y feliz, por encima de la clase social, el coeficiente intelectual o hasta los genes.  

La Ciencia de la Felicidad:

Curiosamente éste es también uno de los factores determinantes de los que habla Tal Ben-Shahar, doctor en psicología y filosofía.

Para Ben-Shahar los elementos a tener en cuenta para una vida feliz son:

Simplificar

Haz solo una cosa a la vez. Si meditas, medita. Si estás con un amigo, deja las distracciones a un lado. Cuando trabajes, piensa solo en eso.

¡A la basura con la multitarea!

Ejercicio físico

Si es en la naturaleza, aún mejor. Y no hace falta que sea mucho. Según  Ben-Shahar, 30 min al día, 3 veces por semana es suficiente.

Darnos permiso para ser humanos

Esto es, cometer errores, sentir emociones dolorosas.

Solo puedes evitar tener emociones dolorosas o negativas si eres un psicópata o estás muerto.

Como decía Michael Caine cuando le preguntaban cómo llevaba lo de envejecer:

Comparado con la alternativa… ¡me parece perfecto!

Así que experimentar estas emociones es parte de la vida y te ayudan a apreciar lo bueno que hay en ella.

Emociones dolorosas

El problema es que hemos aprendido que solo las emociones positivas son aceptables y por eso tratamos de evitar las negativas.

Parte tiene que ver con la presión social y la educación, que nos enseña que no debemos permitirnos sentirnos tristes o infelices (más creencias).

Eso se potencia mucho en las RRSS, donde solo colgamos nuestros mejores momentos. Así, el que lo lee cree que el único que no está siempre feliz es él, y se siente más desconectado y peor consigo mismo porque siente que el problema lo tiene solamente él.

Pero lo que ocurre con las emociones (tanto positivas como dolorosas) es que se intensifican cuando nos enganchamos a ellas.

Seguro que te ha pasado que, cuando estás triste o enfadado, te dices a ti mismo:

– ¡Ya está bien! No quiero sentirme así más.

Culpa

Y, sin embargo, eres incapaz de dejarlo ir. Eso es lo que Buda llamaba la «segunda flecha».

La «primera flecha» es la acción provocada por una emoción que te desborda. Y ya es suficientemente duro trabajar eso.

Pero luego, añadimos otra capa de sufrimiento. La «segunda flecha» que nos lanzamos a nosotros mismos al darnos cuenta de que hemos sentido algo inaceptable y hemos hecho algo terrible: culpa.

La culpa hace que seamos incapaces de soltar la emoción que lo empezó todo. Cada vez que se nos olvida, ahí está la culpa para traerlo todo de nuevo.

Por eso rechazar nuestras emociones no hace más que reforzarlas.

Meditación y emociones

Al observar nuestras emociones y trabajar la compasión y la aceptación, aprendemos a no juzgarlas y a permitirnos experimentarlas. De esa forma ganamos autoconsciencia (aprendemos a identificarlas y a sentirlas en el cuerpo) y practicamos dejarlas ir, desidentificarnos de ellas.

Gratitud

Aquellos que dan las gracias por lo que tienen regularmente tienen más éxito, están más sanos y son más felices.

No niegan sus problemas. Esto es muy importante. No se trata de obviar lo que no te gusta, pero sí de reconocer lo positivo que también hay en tu vida.

Hay pruebas científicas que demuestran que aquellos que aprecian las cosas buenas en su vida (en el sentido etimológico de apreciar, dando más valor a algo), como la pareja, el trabajo, etc, encuentran que les llegan más cosas buenas a su vida.

Dedicar tiempo a actividades que sean significativas y placenteras

Puede ser un hobby, o estar con alguien que te hace sentir bien o que te necesita.

Y, por supuesto

Las relaciones son el elemento más importante para una vida feliz

Según Martin Seligman (fundador de la psicología positiva) las personas que son más felices tienen relaciones más íntimas y las consideran una prioridad en su vida (aunque no sean relaciones perfectas).

felicidad y amor están en las relaciones personales

Ben-Shahar recalca que no se trata de rodearte de gente que te diga o te de todo lo que pides.

Hay estudios que demuestran que las parejas a largo plazo no se sostienen si no hay conflictos, porque necesitamos en los que nos rodean (parejas o amigos) que nos desafíen, que nos den opiniones que no compartimos, que nos ayuden a crecer.

Es lo que el filósofo estadounidense Ralf Waldo Emerson llama hermoso enemigo.

Qué hacer para ser más feliz

Se amable con una persona hoy (ya sea sujetarle la puerta, decir buenos días, o sonreír) y date cuenta de que lo has hecho.

La amabilidad no solo hace sentir mejor al que la recibe, sino también al que la da.

Y ya de paso trabajas sin darte cuenta tu empatía y tu compasión.

Medita al menos 5 minutos al día.

Ayudarás a tu mente a calmarse, a reconectar contigo mismo y a ser más compasivo.

Practica la gratitud.

Comparte tres cosas por las que estés agradecido, ya sea en un diario o con la gente que quieres.

Cuida de tus relaciones personales.

Dice Thich Nhat Hanh: El regalo más precioso que podemos hacer a otra persona es nuestra atención. Cuando la atención plena incluya a aquellos que amamos, ellos también florecerán.

Dedica tiempo a aquello que te apetece hacer.

Un hobby, estar con amigos, dar un paseo por la naturaleza, estar un rato solo… Permítete hacer algo que no te aporte un beneficio más allá del propio disfrute.

Y tú, ¿qué haces para ser más feliz? ¿Te sorprende alguna de las investigaciones que se nombran en este artículo?

Comparte tus experiencias dejando un comentario y aprendamos todos juntos.

Rumi

Créditos imágenes: iconos- icons8.com; fotos- Pexels.com

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2 comentarios en «La Ciencia de la Felicidad»

  1. Me encanta este artículo, me ha hecho reflexionar mucho y además quiero ejercitar el agradecer todas las mañanas y quiero que hacerlo con mi familia. Me parece una maravillosa costumbre que quiero adquirir!
    Gracias Natalia!

    Responder
    • De nada, un placer. Hay un ejercicio que hacen en Blisfulkids.com en el que tienen un jarrón de cristal en la mesa de la cocina. Todas las mañanas escriben por qué están agradecidos y ponen el papelito dentro del jarrón. Les hace ilusión ver cómo se llena y, si alguna vez están de mal humor y no se les ocurre nada, cogen ideas del jarrón.

      Responder

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