Meditacion y mindfulness

Meditación guiada: El testigo

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Hemos hablado antes de qué es el sufrimiento y sabemos que, para poder dejar de sufrir debemos aprender a soltar el apego que hemos creado a aquello que nos hizo o nos hace daño.

Como siempre, el problema está en dónde empezar.

Autoconciencia

La autoconciencia (o conciencia de uno mismo) es la capacidad para la introspección.

La consciencia

El término consciencia hace referencia a la comprensión de que existe un «dentro» y un «fuera».

Nuestros pensamientos, nuestro mundo interior, está separado del entorno exterior, aunque se comunican y se influyen mutuamente.

Darse cuenta

Sin embargo, la autoconciencia es la capacidad para darnos cuenta de que nos damos cuenta.

Sentimos las experiencias corporales, experimentamos nuestras emociones, observamos el mundo exterior y sabemos que está fuera de nosotros.

Pero además de eso, podemos darnos cuenta de que estamos realizando el acto de «observar».

Por qué es importante

Uno de los primeros ejercicios de meditación es observar la respiración. Es uno de los muchos ejercicios en los que usamos las sensaciones corporales para traernos de vuelta al momento presente.

Al realizar estas prácticas descubrimos lo difícil que nos resulta quedarnos lo suficiente con nuestras experiencias como para reconocerlas en detalle.

La consecuencia es que solemos pasar por alto lo que nos ocurre. Aprendemos a «ignorar» nuestras experiencias, como si apagásemos el volumen.

Pero, si no reconocemos esas experiencias, sean del tipo que sean, no podremos darnos cuenta de que nos damos cuenta. Perdemos la capacidad de la autoconciencia.

Sufrimiento

Y es entonces cuando nos creemos las historias que nos cuenta nuestra mente, y nos identificamos con ellas.

Y sufrimos.

Imagen de Gerd Altmann, Pexels

Por eso el primer paso es parar un momento y observar. Sea cual sea la experiencia. Venga lo que venga. Sólo observar, con compasión, amabilidad y curiosidad.

Y descubrir, detrás de todo lo que surge, al que observa. El que se da cuenta de que se da cuenta.

El testigo

Para poder practicar el reconocer al que observa, te traigo un ejercicio de meditación guiada en el que te propongo reconocer a ese testigo.

Espero que te ayude, y que me cuentes cómo es tu experiencia.

Rumi
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