Meditacion y mindfulness

Práctica Básica de Meditación

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Cuando empecé a meditar, me sentaba en el cojín, cerraba los ojos y trataba de observar mi respiración.
Pero muy rápido empezaba a tener dudas. ¿Lo estaba haciendo bien?
¿Qué tendría que estar buscando?
¿Cuánto tiempo quedaba?

Así que buscaba meditaciones guiadas. Unas veces probaba la de contar respiraciones, otras la de la compasión, otras alguna visualización chula… Algunas veces me generaban sensaciones muy especiales, como si hubiese dado con algo importante. Pero al repetirlas, ya no me sentía así.

Después intenté algunas apps de meditación. Empecé con Headspace (que aún no está traducida al español). Esta app tiene series para trabajar algo en concreto. Así que hice varias. Todas tenían la misma estructura.

Y eso me aburría.

Quería aprender “cosas nuevas».

Pero ese es el problema. Parece que no todas las prácticas de la meditación tienen los mismos efectos y, sobre todo, el saltar de una a otra, hace que conseguir resultados sea aún más difícil.

Tipos de meditación

  • Meditación mindfulness (en la que centras tu atención en un foco, como la respiración)
  • Meditación Trascendental
  • Meditación del Amor Universal (Metta)
  • Meditaciones con visualizaciones
  • Meditación Vipassana

El tema con las formas de meditación es que mucha gente llama a la misma de forma diferente, o mezclan tipos distintos de meditación.

La solución

Bueno, la solución ideal sería, imagino, que tuvieras clarísimo qué es lo que te sirve y te lanzaras de lleno a por ello. Sin dudas y sin medias tintas.

Pero imagino que, como yo (y como la mayoría de nosotros, vamos), no tienes ni idea de qué tipo de meditación te viene bien ni, seamos honestos, cuántas o cuáles son esas formas de meditación o cómo mezclarlas.

Por eso hoy te ofrezco una estructura fácil de trabajar y de recordar a la que puedas añadir aquellas prácticas que quieras probar.

Qué buscar en tu práctica

Aunque, como ya hemos dicho, lo que cada uno busca es muy personal, lo que sí parece que es común es que, siendo la meditación un entrenamiento de la mente, necesitamos poder observar qué hace (qué nos pasa).

Esta observación es muy importante para ayudarnos en una de las cosas más difíciles de ver, la identificación.

La identificación

El ser humano se caracteriza por ser una especie social. Somos de hecho tan sociales que nos volvemos locos cuando nos aíslan del resto.

Una de las características de nuestra sociabilidad es que necesitamos sentir que pertenecemos. A un grupo, a una familia o a una comunidad. Y el no pertenecer nos provoca mucha angustia.

La mente, claro, haciendo lo que hace (que es generar pensamientos desde ese sesgo de negatividad tan útil para nuestra supervivencia pero tan pesado en muchos casos) se inventa escenarios con los que prever el futuro.

Y le damos vueltas y más vueltas a qué va a pasar, qué podríamos hacer, cómo nos sentiríamos si no nos quisiera nadie, lo terrible que es estar solo… La mente de mono dándolo todo.

¿Te suena?

Cuando nos «creemos» esas historias que cuenta nuestra cabeza, cuando nos dejamos arrastrar por lo que cuentan y cómo nos hacen sentir, estamos alimentando a las experiencias que, de otro modo, serían temporales.

Porque cualquier pensamiento o emoción tienen una cualidad básica, su temporalidad.

La temporalidad del pensamiento

Es muy importante darnos cuenta de que, en realidad, nuestras experiencias son todas, y siempre, temporales. Todo pasa, aunque cuando lo estemos experimentando no nos parezca posible.

Y, de hecho, solamente se perpetúan en el tiempo cuando nosotros añadimos leña al fuego identificándonos con esas historias.

Así, por ejemplo, cuando alguien te rompe el corazón, te pones muy triste y sientes que te hundes en un agujero del que nunca podrás salir.

Y ya has estado ahí antes, ya te han roto antes el corazón. Y, si lo piensas, te darás cuenta de que esa otra persona de tu pasado ya ni siquiera te parece interesante, aunque hubiera un tiempo en que no te imaginabas la vida sin ella.

Pero aún así, esta experiencia, la de ahora, te parece totalmente diferente.

Recuerdas cada minuto con él/ella, cada palabra, su tacto, su olor… todos tus sueños y expectativas.

Entonces te das cuenta de que nadie nunca jamás en la vida te querrá. Estarás siempre solo…

¿Te suena?

Un tema muy serio

Lo cuento como una coña pero sé que, cuando estás en ese agujero, no le ves la gracia por ninguna parte. Ni tú ni nadie, vamos.

A lo que voy es a que esa es la película que te cuenta tu mente. Y desde fuera es fácil ver que es sólo eso, una película. Pero desde dentro… desde dentro es otro rollo totalmente diferente.

Y es porque nos identificamos. Nos creemos esa historia. Nos creemos esas ideas y esa narrativa, y le damos el oxígeno que necesita para seguir viva.

Puede, como en el ejemplo que te he puesto, convertir algo de por sí doloroso en una experiencia insufrible o traumática. Pero no es lo único que hace esto de la identificación.

Identidad y ego

También la usamos para dar sentido a nuestra identidad.

Y entonces se vuelve realmente peligrosa. Porque cuando no nos damos cuenta de que nos definimos por las historias que nos contamos, somos capaces de hacer cosas terribles.

Es en esos momentos cuando podemos justificar el daño al otro, o aislarnos del sufrimiento ajeno, o convencernos de que no compartimos este planeta, esta vida, con nadie que la merezca más que nosotros.

Entonces hablamos de «ellos» en lugar de nosotros.

Es esa capacidad de desactivar nuestra empatía la que bloquea el acceso a nuestra compasión. Y sólo nosotros podemos darnos cuenta y cambiarlo.

Tu eres tu propio maestro. Investígate a ti mismo para encontrar la verdad –dentro, no fuera. Conocerse a uno mismo es lo más importante.
— Ajahn Chah

La otra cara de la moneda

El otro día vi un vídeo de una mujer metiéndose en uno de esos incendios terribles en Australia para salvar a un koala, que gritaba de dolor.

La mujer se quitó su camisa y envolvió al koala, arriesgando su vida y sobreponiéndose a un miedo que yo solo puedo imaginarme porque no podía soportar ver sufrir a otro ser vivo.

El año pasado vi también otro vídeo de un hombre que paraba su coche en medio de una autopista, rodeado de llamas tan altas como árboles, en los incendios de California, porque un conejo estaba en el arcén, atrapado entre el fuego y los coches.

El hombre intentaba cogerlo pero el animal estaba asustado y se retiraba hacia las llamas. Y en el vídeo se veía la desesperación de aquella persona.

Al final, por cierto, le salvó.

Para mí éstas son las noticias que deberían abrir todos los telediarios. Un recordatorio de la esencia del ser humano. La necesidad desesperada de ayudar a otro ser vivo, de hacer lo posible por evitar su sufrimiento.

Eso es compasión.

Es nuestra esencia, es innato, es una necesidad. Y sale sola, en los momentos más terribles, cuando no hay nada que ganar.

Esa es también tu esencia.

Y por eso meditamos, para no olvidarlo. Como dice Rumi:

Tu trabajo no es buscar amor, sino buscar y encontrar las barreras que has levantado en tu interior para esconderlo.

Meditación Básica

Esta estructura es la que siguen Jack Kornfield y Tara Brach en su curso Mindfulness Daily (si sabes inglés, te recomiendo encarecidamente que sigas este programa. Es gratuito y, durante 40 días te desgrana qué aspectos de la meditación necesitas trabajar con prácticas diarias de 10 minutos).

No tiene nada de novedoso o espectacular pero, hasta que no les escuché ponerlo todo en una sola práctica, no comprendí la importancia de mantener siempre la misma estructura.

Primero para que no se te vaya la olla durante la meditación cuestionando cada cosa que haces.

Además, porque así puedes dar a tu mente la opción de ir aprendiendo y calmándose, y a ti mismo de observar los procesos que surjan, sin quitarte la opción de aprender o probar otras formas de meditación. De esta forma podrás observar los resultados de una práctica concreta a largo plazo sin tener la sensación de que dejas de probar otras cosas que también puedes necesitar.

En la práctica guiada te explico cuáles son los pasos a seguir y por qué lo hacemos así.

Espero que la pruebes y que me cuentes qué te parece, si te ha sido útil, qué tipos de meditación querrías probar y por que.

Rumi
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